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11.11.15

Margarito Ledesma (humorista involuntario), Poeta de Chamacuero, Parte III

Estaba recordando al buen Margarito Ledesma. Así que abrí el libro y ¡qué cosa! me encuentro con El cantar de los perros. Fue tanta mi alegría que me puse inmediatamente a transcribirlo para que todos y todas y todxs ustedes puedan gozar de su elocuente y conmovedora poesía.


EL CANTAR DE LOS PERROS
            Dedico esta merecida poesía a todos los perros que he tenido y a los que siga teniendo después; pero no al que tengo ahora, porque yo he sabido de muy buena tinta que nunca se le pone a una calle, a una plaza, a un mercado, a una escuela, a un jardín, a un teatro, a un salón, a una calzada, a un pueblo, a una villa, a una ciudad o a cualquier otro edificio semejante, el nombre de una persona viva, sino hasta después de que se muere, y hasta he sabido también, no me acuerdo ni cómo ni cuándo, que allá en la antigüedad, mandaron matar antes de tiempo a un señor que querían mucho en una población, para poderle poner su nombre a esa misma población o a algún edificio o calle de la localidad.
Por eso no le dedico esta poesía al COLIFLOR, que es el perrito que me acompaña últimamente y que, la verdad, me ha salido muy vivo, muy cariñoso y muy buena gente; pero no quiero que se me vaya a echar a perder dedicándole esta poesía.
Su inútil servidor,
EL AUTOR

            I
MI PERRO CANELO

Yo tenía un perro canelo,
un perro muy entendido;
nomás le echaba un chiflido,
y hasta botaba en el suelo.

Le decía “vete”, y de iba;
“quédate aquí”, y se quedaba;
“bájate de ahí”, se bajaba;
“sube”, y subía para arriba.

Le decía “dame la mano”,
luego luego me la daba;
le decía “baila”, y bailaba
como si fuera un cristiano.

Le decía “ven acá, perro”,
y luego luego venía;
solo cuando no quería,
iba a esconderse en el cerro.

Todo lo que le mandaba
con mucho gusto lo hacía,
y si nada le decía,
él tampoco no hacía nada.

Tiraba piedras al cerro
y él iba y las recogía,
y luego hasta me traía
en vez de piedra, un becerro.

Pero no vayan a creer que era un becerro grande, pues no hubiera podido con él; sino becerritos chiquitos, de esos que todavía maman, y a veces un chivito o un puerco de tamaño mediano.

Era un perro de buen paso
que siempre me obedecía;
sólo cuando no quería ,
entonces no me hacía caso.

Le decía “no hables”, no hablaba;
“no comas”, y no comía;
“no tuesas”, y no tosía;
“no gruñas”, y no gruñaba.

Era un animal tan bueno
que todo, todo lo hacía.
¡Lástima que un policía
me le haya echado veneno!

NOTA.— Muy bien sé que no se dice “gruñaba”, sino “gruñía”; pero si le hubiera puesto así no habría resultado el verso, y entonces los que ustedes ya saben habían de decir que qué feo le andaba haciendo yo. Por eso le puse “gruñaba”.


                II
MI PERRO BLANCO
Yo tenía un perrito blanco
que se llamaba “El Jazmín”.
Era un perro muy catrín,
muy servicial y muy franco.

Nunca andaba con mentiras,
siempre decía la verdad;
por eso en la vecindad
me lo querían hacer tiras.

Al decir que nunca andaba con mentiras y que siempre decía la verdad, no es que quiera decir que aquel perro hablaba, pues entonces todos hubiéramos pegado la carrera; sino que con sus acciones y sus modos de comportarse demostraba siempre ser un perro verídico y merecedor de toda confianza, pues, cuando ladraba, siempre pegaba la mordida, y, si no ladraba, se podía tener la seguridad que no iba a morder, a menos que hubiera una causa repentina o que fuera mucha la demalas del interfecto, como dice Pancho que les dicen en el Juzgado Unico Municipal a los que perjudican otros.

Pues él se daba sus tretas
y, andando así, de puntillas,
se sacaba las tortillas
y luego hasta las chuletas.

Mas no lo hacía de maldad
ni con segunda intención,
ni porque fuera gasmón
y ni por necesidad.

Lo hacía por notificar y
y advertirles a las gentes
que estubieran muy pendientes,
no las fueran a robar.

Y de mucho les servía
las advertencia de “El Jazmín”;
por eso en este confín
todo mundo lo quería.

Aunque les diré en reserva
que había también revoltosos,
mitoteros y envidiosos
que le querían echar yerba.

Parecía bola de estambre
de lo bonito que estaba
y solamente ladraba
cuando le apretaba la hambre.

Yo lo tenía en mucha estima
y en muy grande estimación.
¡Lástima que un carretón
me le pasó por encima!

NOTA.—Afortunadamente no le pasó por encima todo el carretón, pues entonces sí habría estado malo el negocio. Sólo le pasó una rueda, pero con ésa tuvo, pues allí mismo quedó, sin boquiar palabra.

             III
MI PERRO NEGRO

Yo tenía un perrito negro;
le decían “El Azabache”;
me lo regaló mi suegro,
y le gustaba el tepache.

Y digo que le gustaba
porque lo que después pasó,
pues muy carito se vio
que no le desagradaba.

Era un perro juguetón,
cariñoso y muy risueño,
que quería mucho a su dueño,
y no le daba ocasión.

Y digo no se la daba
porque, como yo era el dueño,
siempre ponía todo empeño
en saber por qué ladraba.

Y nunca llegué a saber
si era de tristeza o gusto,
si de un dolor o de un susto
o nada más por moler.

Era muy considerado
y de muy buen corazón;
nunca mordía el pantalón
ni le sacaba el bocado.

Ni asustaba a los transeuntes,
ladrándoles al pasar,
ni les mordía el calcañar
ni les pelaba los dientes.

Y nunca andaba en parvadas
con perros de malos tratos,
ni sacaba los zapatos
de las piezas habitadas.

Muy bonito mi Azabache.
Mucho, mucho, lo quería;
pero, ¡lástima que un día
se me hogó con el tepache!

NOTA.— El tepache es una bebida muy sabrosa que se hace con cáscara de piña y con piloncillo de la sierra, que se ponen a fermentar y que emborrachan al cristiano que se va a de abuso; pero la verdad es que mi Azabache no se hogó por la potencia ni por la fortaleza de la mistela, ni porque le haya dado en el galillo ni por otra cosa semejante; sino porque una noche se cayó en un barril de tepache que había dejado destapado, fermentando, y de allí no se pudo salir a tiempo. Pero, de todos modos, esa desgracia que le aconteció viene a probar que le gustaba esa clase de bebida, como ya lo digo en mi poesía, pues, al haberse caido ene l barril, quiere decir que andaba haciendo la lucha y buscando el modo. Si no, ¿cómo iba a cairse así nomás? Ni modo que desde lejos hubiera podido cairse, sólo que lo hubieran aventado, y eso no era fácil, por haber sido ya de noche.

OTRA NOTA.—Al decir “mi suegro”, no vayan a pensarse que lo digo porque me haya casado en estos días; sino porque es el papá de... ¡bueno!... de la hermosa señorita que todos ustedes conocen y a la que yo le llevo mandadas como media docena de cartas, y sólo estoy aguardando, con la esperanza de que me conteste pronto, para saber de una vez a qué atenerme. ¡Quiera Dios!


                IV
MIS OTROS PERROS
Para todos los perros que he tenido
y para los que supongo que más tarde he de tener,
es para mí un verdadero placer
dedicarles este agradable corrido.

Porque el perro es el amigo del hombre
y de toda la humanidad,
y bien vale su cariñosa amistad
que de flores y versos el camino se le enalfombre.

Porque si no nos preocupamos de su vida,
y no tratamos de tenerlo grato,
nos puede dar un mal rato,
pegándonos una fuerte mordida
o arrancándonos la suela de un zapato.

Trátenlo, pues, con buena voluntad,
aunque le tengan algo de recelo,
y, sin dejar de alzarle pelo,
búsquenle una buena conformidad.

Y por eso a todos los perros amigos
gustoso les dedico esta merecida poesía,
pues es muy posible que se llegue algún día
en que todos séamos valiosos testigos.
¿Testigos de qué?— ¡Pues de qué ha de ser!
De todas las cosas que puedan suceder.

NOTA.—Ni de chanza llegué yo a pensar que me fuera a salir tan bonito este Cantar de los Perros. Si lo he sabido, mejor le pongo Cantar de otra cosa. Aunque, pensándolo bien, el perro es un animal muy inteligente y agradecido, que yo creo que sólo le faltó un grado para ser gente, y está bien ponerlo en letras de molde. Lo que sí no me gustó nadita fue que la persona que me hizo el favor de corregirme esta bonita poesía tuvo la bondad de quitarle un perro pinto, un amamellado y otro color ceniza que yo le había puesto, porque esos son los perros que me acuerdo haber tenido en mi vida, aparte de otros que no me acuerdo; pero la persona, creyendo que yo no la oía, dijo que ya eran muchos perros y con los tres que dejó era más que bastante, y hasta me parece que todavía le parecieron muchos, según la cara que hizo. Yo tuve que aguantarme por no tener una diferiencia con tan bondadosa persona; pero siempre no dejé de sentir algo feo. Aunque, por otra parte, puede que hasta bien haya salido. A ver si así escarmiento y se me quita la maña. ¡Quién me lo manda por andar de ofrecido, dando a corregir mis poesías! De repente hasta se me afigura que me cuadran más como yo las hago. Pero, siempre quién sabe, puede que mejor convenga pensarlo bien y no hacer las cosas al aventón y a lo que salgan, porque después andamos con los arrepentimientos y las dispensas.



NOTA ACLARATORIA
Estoy muy apenado porque el tepache no se hace como dije en la NOTA de la agradable poesía que se llama “MI PERRO NEGRO”.

Seguramente que la receta que pongo allí para hacer esa sabrosa bebida me la dieron ya con mala intención de hacerme quedar mal con las personas de buena fe que quieran hacer uso de dicha receta con fines meramente personales; pero después, una persona de conciencia me dijo que no se hace con la cáscara, pues eso se queda para los barrios y para la gente que no le gusta gastar; sino  con toda la piña, ya madura y de buena clase, y que, además, se le muele canela, lo que se alcance a coger con una moneda de a veinte, y se pone la olla a hervir en la lumbre.

Hago esta aclaración para que no vayan a creer que intencionalmente di mal la recete, con el malvado fin de que no le salga al que la quiera aprovechar.

Les suplico que no vayan a pensarse esto pues yo no soy capaz de hacerles una jugada de esa clase, ni menos de hacerlos gastar su dinero en una cosa desde antes sé que no les va a salir bien. Por eso pongo esta nota aclaratoria y mucho les encargo que no vayan a creer que fue de mala intención.

Su inútil y atento servidor.
EL AUTOR


fuente
: Ledesma, Margarito. Poesías. 12va edición. Talleres Gráficos: México, 1976. IMPRESO.




1.5.14

Los gatos y sus escritores: Hellen Keller

para el Vaguito y la Mars

La escritora, sufragista, socialista, feminista, Helen Keller,  también quería mucho a los animales. Ella fue quien introdujo a los perros akita a Estados Unidos.

Cuando fue a Japón en 1937, llegó buscando a Hachikō, un perro akita dorado, pero éste había muerto en 1935.

Les cuento la historia de Hachikō. 

En 1924, Hisesaburō Ueno, un profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio, lo recibió como regalo. Todos los días iban juntos a la estación del tren y todas las tardes, tras terminar el trabajo en la universidad, Hachikō iba por él a la estación. Pero un día en 1925, el profesor no llegó. Hisesaburō habría sufrido un derrame cerebral y murió súbitamente. Hachikō lo esperó ese día, y al día siguiente, y al día siguiente, y así por 9 años, todos los días en la estación.
Hachikō esperando

Luego de que saliera un artículo de Hachikō en el periódico, la gente lo empezó a reconocer, esperando, día tras día, y le llevaba comida y lo acompañaban un rato mientras Hachikō aguardaba, pacientemente, el regreso de Hisesaburō.

Cuando el perrito se murió la gente estuvo muy muy triste y hasta hoy en día, todos los 8 de abril, celebran su vida, su memoria y su lealtad.

Los japoneses se sintieron tan honrados de que Hellen Keller preguntara por él, que le regalaron un perrito akita, Kamikaze-go. Pero se le murió de disentería y le dolió tanto que los japoneses le regalaron otro perrito, el hermano mayor, Kenzan-go. Estos dos perritos fueron los primeros akita en todo Estados Unidos. Eso, y que Hellen Keller los llamara ángeles con pelos los hicieron volverse muy populares y la gente empezó a interesarse por los akita. 
A Kenzan-go ella le decía Go-Go de cariño

Hellen Keller también tuvo otro perro al que adoraba, un Pitbull llamado Sir Thomas. Sir Thomas la acompañaba a todos lados a donde fuera. Mientras ella daba clase, Sir Thomas la esperaba afuera del salón y luego caminaba con ella hasta su casa.

De él decía que era el señor de sus afectos, que tenía un pedigree largo, una colita torcida y la chispa más chistosa en todo el caniverso
Sir Thomas y Hellen Keller, posando

Lo quiso mucho.

Pero esta entrada no es de perritos, es de gatitos. Así que también les incluyo una rara foto de Hellen Keller con su gatito adorado, “Phiz”.
Amor al primer olfato


Shhh... es un gato.

18.12.12

Nelly

Hay una moda en Estados Unidos con respecto a sus mascotas y no me refiero a la de disfrazarlas  en Halloween o a los spas caninos en los que se gastaron más de 4 billones  en 2011.

Me refiero a la novedosa idea de calzar a las mascotas. Más específicamente, a los perros, porque si alguna vez tratan de ponerle zapatos a un gato seguramente entenderán porqué a ningún dueño de gato se le ocurriría semejante barbaridad.

Entonces les presento a Nelly. La vi sufriendo tras su dueña una mañana de otoño aquí en vacalandia.

Por favor, mátenme.
Así que hice lo que cualquier persona del siglo XXI hace tras ver un evento impactante y totalmente fuera de lo normal.

1. Google dogs in boots.

2. Re-postear (en vez de fb, twitter, etc... blog).

Disfruten (fuente).


12.2.12

Cuidado con el perro

Ahora que estuvimos por los suburbios de Cincinnati, me encontré que la mayoría de la gente tiene perros grandotes, filosos, salvajes, demoniacos... perros y escopetotas.

Según  entendí, tienen estas amenazantes cosas dizque para protegerse (por cierto las grandes masacres siempre se han cometido "para protegerse", pero luego hablaremos de eso). Pero supongo que funcionan, porque no ves ningún niño o niña, ni nadie de ningún tipo, acercándose a casa ajena ni para oler las flores.

El caso es que en muchos lugares hay letreritos chiquititos que dicen "Beware of dog" (eso es "cuidado con el perro" en inglés).
Cuidado con el perro

Pero el letrerito en realidad significa es "si te acercas te meto un plomazo".

Cuidado con el perro
Todo esto lo dedujimos porque el letrerito en la orillita de la puerta de la reja (que sin lentes no ves) no estaba conectado a nada, pero la gente igual le sacaba la vuelta a todo el jardín de esa casa.

Cuidado con el perro ¡PUM!

Por supuesto, tomamos la foto desde el carro.

14.10.10

Temas migratorios

The Fight For Freedom Gif - The Fight For Freedom
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13.2.10

violación mental

Estoy reencabritonada porque me volvieron a plagiar.

Yo tengo entendido que cuando yo creo una cosa si alguien más la presenta como suya, como original, como que poseyera los derechos de autor sobre esa cosa, cuando imita algo que no le pertenece, entonces me están plagiando.

Claro que aquí uno se abre a debates filosóficos y económicos, ¿qué es lo original? Si escribo la historia de un hombre que al salir de su casa sufre una serie de aventuras, ¿es la odisea? ¿es el quijote? ¿es los viajes de gulliver? ¿es perceval y el grial? ¿cuál es el "original"?¿algo se crea o se descubre? Si yo encuentro unas pirámides en la selva? ¿las descubrí? Si los nativos sabían que existían pero por razones obvias no le informaron a las expropiadores autoridades, ¿aún así las “descubrí” ? ¿es posible poseer algo? Si yo tengo un hijo, ¿es mío, lo puedo vender? Si interpreto Fight Club como una sexosa historia de erotismo entre dos hombres (i mean, come on, naked, cuerpo a cuerpo action por 2 horas?), ¿me puede regañar Palahniuk ? ¿qué tanto es dueño de Fight Club? ¿imitar es crear? Si yo construyo un puente cuyo diseño ya existía, estoy imitando o copiando? Si pinto un atardecer, ¿estoy imitando o copiando?
click para hacer más grande

Aún así, yo he sido copiada más de 10 veces, las memorables han sido:
a) Un poemita cursi del amor y las nubes que escribí a los 13 años fue publicado en el boletín de la escuela por una compañera que además me robó mi coca cola. Me partió el corazón.

b) Una investigación sobre el idioma quinigua en las encomiendas publicado por el dueño que me facilitó el libro de las encomiendas.

c) Un reportaje sobre los altares de día de muertos y su representación simbólica publicada en el periódico Sierra Madre, aunque debo admitir que la nota empieza “tras consultar a un profesor del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey”. Pero, yo no sabía que estaba siendo “consultada” ni que yo hablaba por el Instituto.

d) Una serie de actividades para la enseñanza de la literatura que diseñé para mis alumnos que luego apareció en un manual con otro autor y que posteriormente me hicieron tomar como curso de capacitación sobre la enseñanza de la lengua.

e) Un análisis sobre la homosexualidad de Gonzalitos basada en una lectura cuidadosa de sus biografías, escritos y actas notariales; presentada como original en un programa de televisión.

f) Y un cuento escrito en 1996, entambado hasta 2007 cuando lo llevé a un taller literario; publicado bajo otro autor en la revista de una aerolínea, Escala este mes.

F (de foc) Vean vean, cómo la estructura es igual. Cómo la historia es similar. Cómo corresponden los sentimientos, las ideas, la conclusión. Pero, cómo es posible que esto haya sucedido, ¡oh edigator! No lo sé. Sé que la editora y yo tenemos una persona en común (loado facebook). A esta persona en común yo le enseñé el cuento hace 3 años, cuando estábamos en un taller literario, es posible que la persona plagiadora, a quien desde ahora denominaré la PincheHijaDePutaObtusaQueEnCuantoEncuentreEnLaCalleLeVoyARomperLasPiernas, para facilitar las cosas, debió haber llegado al cuento. Luego, ¿el autor? No sé de dónde lo pueda conocer, así que le deseo un cáncer menor. bzzz.
Mis problemas con esto son los siguientes:

a) Este cuento yo se lo escribí a mi mamá en su cumpleaños y cuando ella vio la copia se echó a llorar. Por lo tanto, 1. Hizo llorar a mi madre.

b) Este cuento me mueve un lugar visceral, creo que logré una cadencia que termina con una conclusión que se posa sobre uno. Pero esta persona le quitó eso, lo destruyó. 2. Echó a perder el cuento.

c) Hizo todo esto para publicarlo en una revista, Escala, la que te dan en el avión. 3. Ok, me plagian para sacar el nobel, pero … ¿Escala? Really?

Así, que, aquí el cuento original. Escrito por primera vez en 1996, reeditado en 2007, copiado y publicado en 2009, ahora para la red. Al menos mencionen mi nombre si lo van a usar o les voy a mandar negro y enchapopotado cáncer en el estómago.

Aquí el cuento de Escala.

Aquí el correo de PincheHijaDePutaObtusaQueEnCuantoEncuentreEnLaCalleLeVoyARomperLasPiernas, favor de mandarle spam, virus y deseos de cáncer. (elvia.navarro@lideditorial.com)

Aquí el del "escritor", mucho se agradece si se pudiera mandarle laberintitis, diarrea y soledad en la cama, además, pueden usar este correo para cuando visiten sitios pornos: (albertoforcada@aspandi.org)

Si sí tengo buenas ideas, lo que pasa es que cierta gente que me rodea no.

9.6.08

El perro triste de la semana

Les presento a Sergio, el nuevo perro triste de mi cuadra.

Generalmente, cada cuatro meses, llega un nuevo perro triste a la calle en la que vivo. Traen sarna, heridas expuestas, extremidades rotas, tiemblan, vomitan sangre y apestan. Todos apestan. Mucho.

Sergio además de lo anterior no puede mover una pata, está ciego de un ojo y está lleno de garrapatas. Eww
Pues ven, aquí en donde yo vivo, es costumbre comprar un cachorrito bonito y tierno para el día del niño, navidad, día de reyes, diez de mayo, día del padre (sigh) y unos meses después ya no es chistoso que muerda al bebé, se mee en el sillón, se cague en la cama o destruya zapatos, y pues se hartan del maldito perro piojoso y lo van y lo botan al monte.
La edigator vive en el monte.
También llegan gatos, pero esos se mueren más rápido pues hay una fijación entre la gente de esta colonia en atropellarlos. He visto cómo las coléricas trocas se suben a los camellones para poder despanzurrar a un minino, y luego gritan vivas y hurras.

Pues sí, un micifuzo en el piso es un micifuzo tortilla.
De los tlacuaches ni se diga, creo que hasta los cazan. Un oso, jabalí, víbora, mapache, ardilla o tejón osa bajar del cerro y le hablan hasta a protección civil para que destruya a la amenaza, lo encaje, etiquete, perfore oreja y deposite en su zoológico inadecuado más cercano.
Oh, qué tiempos aquellos en los que el feliz coyote y su pandilla podían cercar a un homo sapiens sapiens y comerlo a dentelladas, dejar los deditos para después. Como ya no tenemos eso, ahora los adolescentes cumplen ese papel aterrorizante, con sus colmillos y ojillos tenebrosos, sus piercings que hacen clink clink mientras te rastrean y aniquilan…

Pero me desvío.
En fin, volvamos al perro triste de la cuadra, Sergio. Trae el cráneo deformado, (¿patadas, pedradas o batazos?), le tiene pánico a los líquidos (¿cubetazos?), si levantas la mano corre, si le dices “perro” se orina, y tiene quemadas las patas (¿gasolina?). Oh, sí, es un perro triste y traumado el Sergio.
(¿Su nombre? Pues una de dos, si se cura será algo bueno y asociaré ese sonido a algo positivo. Si se muere… pues también.)
Entonces, lo que la edigator pide, con mucho tacto y apelando a la misericordia, (lo sé), manipulando sentimientos de la manera más vil, (también lo sé) es que si ven un perrito o un gatito en la calle, le corten los huevos.

¡Sí amiguito! Cada vez que veas un perrito, en vez de echarle un pan o darle agua, córtale los huevitos, snip snip. Con tu ayuda, podemos hacer un mundo mejor.

30.9.07

Se murió la cana.

Al principio hubo dos, y eran las canas, porque no les podíamos poner nombre, no entendían, yo estaba segura que eran perros down, con deficiencias de aprendizaje, con menos neuronas, salvajes e indomables, mezcla no permitida, como un ligre, como lobos en cautiverio.
Conocían el mundo con la lengua, todo chupaban, todo destruían. En una ocasión entraron tres gatitos chiquititos a la casa y las mexicanas los desgarraron, pinches huracanas destructoras, se revolcaron en la sangre y las encontramos rojas a las toscanas entre pelos y entrañas. Mataban todo, palomas, tlacuaches, plantas… y los suéteres.
Cuando hacía frío la compasión hacía que sacaras una caja y una cuerda y atraparas a una, la otra se quedaba cerca, brincando alrededor, entonces con una mano maniobrabas un chaleco tejido sobre una macana, ésta se retorcía y antes de soltarla agarrabas a la otra. La picana con el suéter se quedaba saltando, tratando de ver, y con la otra mano envolvías a la araucana en estambre. La liberabas y ambas empezaban a morderse, a arrancarse pedazos y retorcerse en el suelo, a las dos horas podías ver las hilachas regadas por el jardín y dos jamaicanas desnudas felices, persiguiendo escarabajos o enterrando su plato de agua.
Una de las decanas tuvo un novio, un rottweiler negro de ojos pizpiretos que le gimoteaba y la palancana escalaba la reja y brincaba a la calle para irse con él. Pero un día pasó un carro y la aplastó. La otra rubicana entonces se acurrucó a un lado del cuerpo destruido de la matacana y mi madre llegó y la encontró a ella y al rottweiler llenos de muerte, haciendo su luto en el suelo.

Entonces arribó el abril, perrito fino y de modales aprendidos, y le empezó a hacer compañía, pero el abril le jalaba las orejas, le picaba los ojos, la tiraba por las escaleras y después se la cogía.

Y no sé bien qué le dio a la arcana, dijo el doctor que una infección y que había que operarla. Yo el jueves fui a la casa y la vi, noté que su cabeza se meneaba pero no parecía tener el cráneo deforme, los ojos estaban opacos y hundidos, estaba deshidratada la vaticana, acostada debajo de una silla, y le hablé, le dije "entrecana" y medio movió la cola, no huyó, no brincó, no evitó todo contacto, me dije, es grave y la metimos en una caja y la llevamos a este lugar a donde van a morirse solos los animales. Entonces el doctor dijo, "suero y observación y luego abrirla y sacarle todo lo que no funcione, coserla y ya, como nueva".
Pero no funcionó, porque el sábado se murió.

Y ahorita el abril está en la reja aullando así como entrecortado, y mi madre le avienta una pelotita y el abril la ignora, nomás la ve pasar y vuelve a aullar.
 
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