Todo este año el
gato ha estado perdiendo peso. Dejaba de comer o vomitaba todo inmediatamente
después, maullaba hambriento y yo probaba darle de todo. Pero o no comía o lo
vomitaba.
Iba al
veterinario para que le pusieran suero cuando estaba tan deshidratado que no se
movía, le hacían análisis costosísimos que no decían nada. Siempre me decía el
viejo tarado ese que no tenía nada, que era un gato y así son los gatos.
En enero del año
pasado pesaba 5 kilos, para diciembre 1.800.
Muy flaquito
Así que cambiamos
de veterinario, el mismo análisis al 10% del costo, y el diagnóstico: Es un linfoma.
El gatito está muy mal.
Recomendó un
tratamiento de esteroides que podría prolongarle la vida hasta dos años, pero
tiene que empezar a comer.
Me dio una bolsa
de suero con agujas para que yo se lo pusiera, comida con alto contenido
proteínico.
Yo lloré mucho
todo diciembre y mucho de enero porque no estoy lista para que se vaya.
Así fue pasando diciembre y enero, comiendo poquito, poquito más, avanzando despacito.
Y parece que los
esteroides están funcionando, casi pesa 2.2kg, y el gato esta semana se revolcó en su catnip, se
afiló las uñas y dijo miau.
Duerme mucho. Pero anoche me despertó a las 4am (bueno, hoy)
y me dio un besito, luego se acurrucó a mi lado. Yo soñé que había un oso gordo,
peludo y gris que lo venía persiguiendo y yo me ponía en medio y el gato
lograba entrar al cuarto y meterse debajo de la cama. El oso se quedaba afuera.
Stanley Kubrick,
director medio loco, altamente perfeccionista, dirigió un montón de películas.
Entre ellas The Shining, o El resplandor. Basada en la novela de Stephen King.
Si no la han
visto, paren ahora y vayan a verla. Que además de spoilers y contarles el
final, perderé todo atisbo de respeto al lector o lectora que no haya visto El
resplandor, no manchen.
Entonces, la
película describe cómo lentamente Jack va perdiendo la noción de la realidad
por estar aislado tanto tiempo. Según está escribiendo una novela, pero con
horror descubrimos que realmente sólo ha escrito una frase una y otra vez por
cientos de páginas.
Kubrick decidió mostrar las hojas de “All work and no play makes Jack a dull boy” que probaban o certificaban que Jack finalmente había perdido la cordura.
En la novela de Stephen King, el manuscrito era de unas cien páginas. Porque King es un escritor y sabe que con 100 páginas de “All work and no play makes Jack a dull boy” uno termina por volverse loco. Es más, sólo ahorita que yo estoy escribiendo “All work and no play makes Jack a dull boy” para el blog, siento un poquito de ganas de salir corriendo por la llave de la bodega del garaje, donde guardamos el hacha. Sin embargo, Kubrick prefirió que el manuscrito fuera de cientos de páginas, medio millar al menos. Y también decidió que no sería simulación, sino que las más de 500 páginas del manuscrito deberían decir todas y cada una de ellas “All work and no play makes Jack a dull boy”.
Aunque hizo a sus actores repetir sus escenas cientos de veces, ocasionando que a la pobre actriz se le cayera el cabello, no puso a Jack Nicholson a escribir el manuscrito. Sino que consiguió a su secretaria Margaret Warrington o Margaret Adams (las fuentes difieren en
su nombre), mecanografiara la frase “All work and no play makes Jack a dull boy”,
para llenar al menos 500 páginas de eso.
Pasó horas y
horas escribiendo una y otra vez “All work and no play makes Jack a dull boy”, “All work and no play makes Jack a dull boy”, “All work and no play makes Jack a dull boy". Esto antes de la llegada del copy-paste.
Y lo que es más. Kubrick
le pidió que hiciera lo mismo para tener el mismo número de hojas en español,
en francés, en alemán e italiano.
Miles de “Tiens” vaut mieux que deux “Tu l’auras.”; “Was
du heute kannst besorgen, das verschiebe nicht auf morgen.”; “Il mattino ha
l’oro in bocca.”; “No por mucho madrugar amanece más temprano.”
Estamos hablando de escribir la frase, sin sentido realmente, por más de 2,000 páginas. Con cientos de frases por cada hoja. “All work and no play makes Jack a dull boy”.
A veces, me acuerdo de la secretaria de Kubrick.
Me pregunto qué pensaría mientras
escribía todas esas líneas. ¿Cómo puede estar la mente de alguien que escribe una y otra vez “All work and no play makes Jack a dull boy”?
Además, ¿por qué siguió trabajando con Kubrick después de
la filmación de esta película? ¿Sería síndrome de Estocolmo?
¿Tendría amistades Margaret? ¿Será que cuando se siente sola se pone a escribir en una libreta “All work and no play makes Jack a dull boy”? Quizás cuando ella muera entrarán a su casa y encontrarán un baúl lleno de manuscritos con la frase escrita “All work and no play makes Jack a dull boy”. O quizás sus últimas palabras sean precisamente esas, porque tiene en su mente el screensaver de “All work and no play makes Jack a dull boy”.
La película de El resplandor es genial, pero realmente me da horror pensar en Margaret, que anda por ahí, caminando entre la gente.
Ésas son las cosas que pienso durante el invierno.
Tengo un poco de
cabin fever o fiebre de la cabaña. Lo sé porque tengo unas ganas incontrolables de agarrar a hachazos
al güero.
En un largo invierno, Johny escribe una novela bestseller y reaviva su amor a su esposa e hijo
Cabin fever es lo
que le da a la gente que pasa largas temporadas encerradas en una cabaña en
medio de la nada.
Es una cosa bien
chistosa en gringolandia que no muestran realmente las películas, pero como el
80% de Estados Unidos es rural. No sólo eso, sino que son latifundistas. Todas
las tierras que les quitaron a los indígenas para recluirlos en polvosas e
insalubres reservaciones se la repartieron los inmigrantes europeos y son
dueños de cien, doscientas hectáreas. Por tanto viven extremadamente aislados,
no saludan a los vecinos, tienen armas, y no les interesa ni tener seguro
social, educación gratuita, alguien que pavimente sus calles, policía, nada.
Son autosuficientes y altamente ignorantes, ven Fox News y los programas de Fox,
NBC, CBS, etc. y cualquiera de los miles deportes que se transmiten diariamente
porque la producción de entretenimiento en Estados Unidos es fenomenal.
Me fui por la
tangente. En sí la cabin fever es una claustrofobia por estar encerrad@ sin
mucho que hacer por un periodo largo.
Y yo no vivo en
un área rural, pero ha hecho un frío en Vacalandia que si sales te congelas.
Traté de fumarme un cigarro a -40 y se congeló el cigarro prendido, por el
vapor que yo exhalaba con el humo supongo, pero se hizo hielo en 3 minutos.
Éste es un día calientito
Entonces no he
salido a tirarme en trineo, a correr, a caminar, afuera. Tampoco a ninguna de las
múltiples actividades que ofrece este pueblo, ya sea ir al mol del oeste, al
mol del este, al mol de midvale, al mol de hilldale o al mol de parkside.
Así que leo y
cuido al gato, pero no he hecho mucho más. Al no hacer mucho más, entra uno en
estado de hibernación y no dan ganas de hacer nada, así que uno hace menos y
bueno, cabin fever. Y como la escuela terminó a mediados de diciembre y comenzó
a finales de enero, creo que puedo describir esas semanas como una nube
obscura, fría, de mucho dormir.
En mi microcosmos
limitado traté de ayudar a un pajarito mexicanizándolo. Se ponía en una
covachita en la entrada de los departamentos y yo le daba masita porque ¿qué
comen los pajaritos?
Pero se congeló y
se murió.
Pero ya es febrero
y es hora de hacer algo. La marmota dijo que el invierno seguirá hasta mayo.
Así que, primero,
puse los objetos punzocortantes en la bodega que tenemos en el garage que tiene
candado y le di la llave al gringo marido. Luego lavé mi abrigo para quitarle
las manchas de ceniza y mocos congelados en las mangas. Mi madre me dijo que
volviera al blog, así que helo aquí. Por último, metí mi brasier deportivo y
unos tenis a una bolsa para ir al gimnasio que tiene calefacción.
Bueno, han pasado
meses y de mi idea inicial de escribir una vez por semana ha pasado a casi una
vez cada seis meses. He estado deprimida, la verdad.
La depresión es
una cosa muy chistosa, es una aflicción del primer mundo centrada en un alto
egoísmo y la ausencia total de empatía. Por ejemplo, si resulta que hay una
gran sopa o isla de basura de plástico flotando en el Pacífico la persona deprimida va a sentirse triste por eso, y sin ganas de hacer nada, y
triste porque no tiene ganas de hacer nada y triste porque se pone triste y no
debería ponerse triste y triste porque sabe que eso es ridículo y así, es un
círculo de nunca acabar. Y la isla de basura sigue ahí, flotando.
Digo que es una
aflicción del primer mundo porque estoy segura que si tuviera que ir por agua caminando
5 millas bajo un sol abrasador todos los días de mi vida, o de hacer la cosecha
o nos quedaríamos sin comida todo el resto del año, tendría poco tiempo de
sentirme “sin ganas de hacer nada”. El primer mundo se centra mucho en la individualidad, la depresión es eso.
La otra cosa de
la depresión es el gran sentimiento de futilidad, de un ¿para qué? existencial.
Nuevamente surge de un alto egocentrismo, pensando que uno debería tener cierta
importancia para el universo, y como no la tiene, se pone triste. Las personas
funcionales no se preguntan todo el tiempo cuál es el gran sentido de su vida,
porque no lo hay, no hay una respuesta, ponen metas cortas y alcanzables.
Así la gente puede ir a una fiesta y disfrutar
alegremente la tarde, el momento del chiste, el compartir con amigos; la
persona deprimida en cambio no quiere ni salir de su casa y definitivamente no
quiere entablar conversaciones que parezcan superficiales, que finalmente todas
lo son. La persona funcional busca la
felicidad; la deprimida cree que es imposible, o peor, que es un sueño
ridículo.
La persona
deprimida es tan egocéntrica que no ve cómo esto afecta a los que la rodean,
que su actitud centrada en sí misma repercute en todos sus conocidos. Eso es lo
que más me choca de la gente que se dice deprimida, cómo se llevan entre las patas a todo el mundo.
La verdad, a mí
me da vergüenza admitir que he estado deprimida, porque me hace tener que
admitir que soy egocéntrica, superficial y que me creo que el mundo me debe algo.
Yo no le tengo ningún respeto a las personas deprimidas que justifican sus
inacciones con la depresión. Las veo como pusilánimes, cobardes, y sobre todo,
egocéntricas. ¡Qué triste ser eso! Pero nimodo, lo soy, lo estoy, y creo que
debo volver a escribir en el blog y hacer actividades benéficas a la humanidad
(y no me refiero a darle like a los estatus de facebook, me refiero a hacer
cosas concretas que sí puedo, aunque sea darle de comer a las ardillas pobres que están sin
casa royendo madera para sobrevivir). Así al menos me van a distraer de tener
metida la cabeza en mi propio culo.
Ash, esta entrada
quedó también bien dramática y yo sólo quería explicar la realidad de por qué
nos habíamos quedado en mutis, pero sin dar excusas, y con la idea de que vamos palante.
Así que les voy a contar un chiste pelado.
Va un tipo a la farmacia y
le dice al vendedor: "Buenas noches, me da unos condones por favor."