10.2.18

Sobreviviendo a la escuela pública: Semana 23


Esta semana también trajo sorpresas, ¿será que así se sienten las personas que tienen hijos? Todos los días con más y nuevas aventuras al límite, vida y muerte y drama, todo apretadito para que no haya un momento para respirar.

Yo pensaba que la vida era todo lo contrario y por eso Hollywood y otras agencias de entretenimiento ofrecían todas estas ficciones donde se cubren las necesidades emocionales de los espectadores. Acción y disparos para los que pasan el día en la blanda oficina y comedias románticas donde la pareja se escucha, sale en citas y tienen sexo apasionado para el frustrado resto del mundo.
Tía, cuéntenos otra vez de cuando salió con el tipo de los nueve pitones
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En esta semana tenemos:

A la niña, llamémosla Euríale, que le pateó la puerta al maestro llevándose mano de maestro en proceso y fracturando mano de maestro en proceso. Euríale no lo hizo a propósito (patear la puerta sí, específicamente romperle la mano no) así que no hubo ni una llamada de atención.
Así le quedó la mano al maestro tras la apachurrada, nomás que morada
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A su lagartija que en un momento de retraso mental extremo se le ocurrió llevar a sus 7 alumnitos de una clase en específico a ver la feria de matemáticas de los de séptimo. A los tres minutos ya se habían escapado dos. A los 10 minutos una de mis alumnas, pondrémosle aquí Esteno, agarra a un muchachito como de medio metro y en medio de sus amigos, en su salón y frente a su maestra, le pegó. El muchachito se puso a llorar. La maestra le pidió a Esteno que se saliera y Esteno la vio, se dio la vuelta, y en voz alta comentó, “¿Qué le pasa a esa harpía?” Me tuvieron que llamar para que me la llevara.

La maestra de séptimo reportó a Esteno a la administración, pero yo mejor decidí llamar a su papá quien le quitó toda la tecnología, permisos, privilegios, amigos y ropa a su hijita… 
Así le fue a Esteno en su casa
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A otro alumno mío, nombrémosle Jápeto, lo habíamos visto alicaído y desanimado, además de respondón y rehusándose a trabajar. Llamé a madre (que no responde el teléfono porque Jápeto debe aprender a valerse por sí mismo), sicóloga (estoy ocupada), la Becky que le regala sopa ramen a los niños (yo no trabajo con titanes), al consejero (tengo que terminar las inscripciones para la prepa o se nos queda uno otro año) y, finalmente, hablé con Jápeto.

Resulta que la semana pasada le robaron el cinturón en el autobús y entre el que patrulla los pasillos y yo dimos con el autor del crimen, quien traía puesto dicho cinturón. El patrullero se lo quitó, el ladronzuelo le dijo que le iba a partir su madre y dicho y hecho, le partió su madre a Jápeto. 

Lo fue a buscar a su casa con sus hermanos, lo golpearon, le sacaron un par de armas para decirle que la siguiente vez iba en serio y le quitaron el cinturón, los zapatos, la cartera y el teléfono.

Día normal en la escuela:
A ver, corazoncito, nosotros no nos comemos a nuestros compañeros.
 Ándale, amorcito, escupe a Jasonsito.
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Por último.

A una muchachita, quien mientras le decíamos adiós a los niños y niñas que se subían a los camiones para enfilarse a sus fines de semana, entró llorando entre una mezcla de pánico e histeria. En su pavor chocó con la puerta y las paredes dos veces. Yo la agarré y medio la calmé. Tras ella entra otra niña, amiga de la primera. Resulta que Rea la quiere golpear.

El patrullero de quien les contaba arriba, raudo y veloz pesca a Rea, la baja del autobús y se la lleva a hablar con sus papás o quién sabe.

La Becky aparece de la nada y le dice a la histérica, "ven Febe, ven". Y Febe, temblando y con ojos pelones, se va con Becky.

Luego aprendería yo que a finales de año Rea agarró a Febe de las greñas, la golpeó, la tiró al piso y le brincó en la cabeza varias veces mientras el resto de los muchachitos y muchachitas lo filmaban y recomendaban que Febe mordiera el escalón. Febe terminó un par de semanas en el hospital. A Rea le dieron sopa ramen y la hicieron hablar de sus emociones.

Ya les había contado de esto. Nomás no conocía las caras.

Y así, finaliza otra semana de acción y aventuras.

Aquí es igualito, pero con un poquito más de ropa.
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4.2.18

Sobreviviendo a la escuela pública: Semana 22


Nuevamente se completa otra semana de la lagartija mexicana en la escuela pública.

Esta iguana está exhausta.
Mi fantasía es que algún día podré descansar así

Platicaba con mis compañeras maestras y también están exhaustas. No sólo por el abuso infantil (me refiero a que los infantes abusan de nosotros) sino porque la administración está desesperada tratando de culparnos por toda la cagazón que han hecho al no parar los problemas de disciplina desde un inicio.

La escuela, literal, ha sido tomada por un puñado de estudiantes que pasean por los pasillos durante todo el día, gritando, comiendo, aventando cosas, bailando, fumando mariguana, prendiendo fuegos y golpeando las puertas y lockers.

Es como Elseñor de las moscas, pero en vez de que los niños sean británicos y busquen un orden en un dios cerdo nauseabundo, son gringos y su héroe es un youtuber.
Resumen:
Un avión lleno de adolescentes cae en una isla desierta. Todos los adultos están muertos. Poco a poco se van volviendo salvajes y deshechando todos los modales y vestigios de una civilización pacífica.
Fuente de imagen

Me pregunto si la Beckeisha directora ha leído ese libro. O quizás lo leyó y pensó que era un manual.

En otras noticias…

Para esto, les comento que en teoría todo estudiante o estudianta tiene esas pesadillas de que un día llega a la clase y hay examen y no estudió.

Pues quiero que sepan, mis adorabilísimas lectoras y tío, que todos todos los maestros y maestras tienen la pesadilla de que llega a enseñar y no tiene nada preparado, con diferentes variaciones que incluyen -pero no están limitadas a-… que no entiende el libro de texto porque está en otro idioma o es de cálculo integral, que los alumnitxs están trepados en las mesas con lanzas y/o que uno se encuentra completamente en pelotas.

Bueno, pues el martes, los papases y mamases que venían a tomar las clases de inglés se salieron temprano de sus trabajos o pidieron cambio de turno para llegar a tiempo. Tengo el salón lleno de adultos con ojos radiantes y listos para aprender cuando en eso me llama la maestra de inglés (30 minutos antes de que comenzara la clase) para avisarme que no iba a poder dar la clase, “Sorry.”

Sorry?

Sorry????????
Mas o menos así se puso su lagartija

Pues nada, que aquí su lagarta, como en las peores pesadillas, se plantó enfrente de los papases y mamases y díjoles… “Señores, señoras, vamos a empezar la clase…

Modestia aparte, fue un éxito.


Fin.

28.1.18

Sobreviviendo a la escuela pública: Semana 21


Esta semana fue muy muy buena. Con decirles que es la primera vez que llego alegre del trabajo, riéndome y con ese sentimiento de que estoy haciendo algo bien. Me sentí como se debe sentir uno con su vida.

Bueno, primero lo otro. Tres cosas.

Uno.

Al fin, al fin, pudimos hablar con la mamá de la guayabita piojosa. Le contamos más o menos cómo se porta, le enseñamos sus calificaciones (que reprobó todo) y sus reportes de conducta y todo eso. Y la mamá nos dijo que Por favor ¡Dejemos de decirle esas cosas porque ella no puede controlar a su hija! Y que la guayabita se dará cuenta cuando la corran de la prepa y tenga que pasar el resto de su vida de sirvienta de blanquitos.

Como dicen en mi pueblo

Así que traté de explicarle a la guayabita las consecuencias legales, económicas y penales que tienen los morenitos en este país si no están educados. Pero la guayabita sacó su teléfono y se puso a textear a su novio que según lo que le cuenta en clase al resto de las tostaditas (en la voz más alta posible, of course), el muchachito de trece años tiene el pito rojo y grueso.

Dos.

El autista se emputó porque empezó el nuevo tetramestre y eso implica que se acabó su clase de no sé qué y NO DESTRUYÓ EL SALÓN

Así es, mis queridas cuatro lectoras y tío. El niño dijo que estaba emputado y le llamó a su mamá y se fue a su casa. No aventó nada, no acuchilló a nadie, no se puso a gritar. 

Al día siguiente como tampoco tenía la clase de no sé qué se volvió a emputar y ¡¡¡¡TAMPOCO DESTRUYÓ EL SALÓN!!!!
And there was much rejoicing


Tres.

Esta semana renunciaron otros tres maestros. Tres

Uno que ya había avisado desde hacía como un mes que se iba. Hasta pastel le compramos.

Otra, a mitad del día, se puso a llorar, dijo que no necesitaba esto y aventó la toalla y se fue. Sus alumnitos se pusieron recontentos y destruyeron el salón en sus festejos.

El tercer maestro sí terminó el día, dijo que daba su aviso de dos semanas y que a partir del jueves se tomaba las vacaciones que le debían. Antes de irse me dijo que no es humano someterse a esto, ni que tuviéramos varias vidas.

Y tiene razón.

Y ya.

El martes fue el día que yo fui feliz. Les cuento:

Las clases de español e inglés para padres Intercambios fueron ese día por la tarde-noche.

Acá su ingenioso y habil reptil consiguió dinero para comprar botana, un lugar para cuidar a los niños y niñas durante las clases de sus papases, a la mejor maestra de español que pudiera existir y del otro lado nos mandaron a una excelente maestra para enseñar inglés. Había repartido volantes, mandado mensajes,con ayuda del traductor oficial de la escuela les mandamos un mensaje de texto a los familiares de los niñis (algunos papases le mentaron la madre al traductor, by the way).

La tarde llegó y yo era puros nervios pensando que nadie iba a asistir. Dio la hora y aparecieron como 12 papás blanquitos y una mamá latina. Gulp, me dije, bueno está bien, es un buen inicio.

Conforme pasaban los minutos fueron apareciendo los latinos. La última mamá llegó como una hora y cuarto después de la hora inicial. Me dijo que terminó su trabajo en el hospital y salió corriendo para poder llegar a la clase. Estaba muy emocionada.

Al final vinieron más de 20 papases y mamases a las clases. La última media hora los juntamos a practicar y al final de esa media hora los vi intercambiando teléfonos. ¡Los blanquitos y los latinos intercambiando teléfonos! ¡Hablando! ¡Riéndose juntos!

Los papases y mamases después de las clases nos dieron las gracias, estaban muy felices. Les gustó muchísimo. Además, la maestra de inglés vio el proyecto y le encantó y dice que lo va a hacer también en la escuela donde ella enseña durante el día.

Es un inicio, pero a lo mejor logramos desegregar este pueblo racista de vacalandia.

Y ya, llegué bailando a la casa.

Fin. Ahora sí.

 
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