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1.8.09

Generaciones Cyborg

For English, mutate

1.7.09

Mitos arañescos

For English, crawl here

A mí me gustan las arañas. Casi todas tienen ocho patas. Algunas arañas tienen menos, porque se las arrancan los demás.

Dicen que las arañitas devoran a sus madres, que de hecho lo hacen de manera rutinaria. Y que las arañas femeninas tras el apareamiento gozan de desmembrar con sus colmillos a su cachondo compañero. También dicen que mastican con saña a sus hermanitos y así las arañas supervivientes son cada vez más y más feroces, haciendo que la salvajidad arañil crezca hasta el punto de la brutal humanidad. Pero eso no es cierto, porque las arañas no tienen dientes. Deben vomitar un poquito de ácido y luego beber suavemente los jugos de la hermanita, hermanito o mamacita deshecho. Obviamente ningún bicho puede ser tan perverso si subsiste a base de una dieta líquida.
fuente
Pobres vilipendiadas arañas, atacadas sanguinariamente por ser incomprendidas. Centenares de cordiales tarántulas quemadas vivas, pudorosas viudas negras apachurradas por brutales zapatos, esbeltas arañitas panteoneras despiadadamente desbarrancadas. Tantas y tantas crueldades efectuadas hacia los enigmáticos arácnidos.

Y en Cambodia, para agregar injuria, se las comen.

Psshhh.





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3.2.09

De cuando el gélido tiempo congelaba y tiraba las extremidades

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El otro día que estábamos esperando el camión que no llegaba y sufríamos la maravillosa temperatura de -38C (que es casi igual que la de Farenheit), un muchacho a lado mío al sacar el pase de abordar tuvo tan mal destino que se le cayó un dedo.

Es bien sabido por todos que si uno toma el miembro perdido y lo coloca nuevamente en el cuerpo cuanto antes, se unirán las partes sin mayor problema.

Ya el quijote lo menciona, “cuando vieres que en alguna batalla me han partido por medio del cuerpo, como muchas veces suele acontecer, bonitamente la parte del cuerpo que hubiere caído al suelo, y con mucha sutileza, antes que la sangre se yele, la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, advirtiendo de encajallo igualmente y al justo” (Cap X).

Pero tan mala suerte tuvo este muchacho, y por las prisas y el temor, que ha colocado el dedo con la uña hacia abajo y soldó tan bien que desde ese momento se volvió disléxico.
 
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