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8.9.13

La revancha de la huerta

En la entrada anterior les conté del terrible crimen del que fuimos víctimas, el robo desmedido y despiadado de calabazas. Tristes fuimos.

Pues hoy les tengo una noticia complementaria. Resulta que ninguno de los pequeños agricultores (¿jardineros? ¿campesinistas?) que compartimos la huerta sabe hacer correctamente un compostero.

Hoy fuimos a tirar las cáscaras de los melones que nos zampamos ayer y descubrimos... ¡calabazas!

¡Albricias!

Agarramos 1/20 parte de las calabazas que había ahí según la variedad y abundancia de tamaños y les avisamos a l@s otr@s para que fueran por las suyas.

Ésa es una regla de 30 centímetros.
Omnomnom.

7.9.13

Noticias de la huerta

Le conté que tengo una huerta compartida.

Los tomates se siguen dando y nosotros los hemos estado regalando a vecinos y amig@s. Todos han podido disfrutar de la cosecha. Hasta los conejos, pájaros y una marmota gorda y peluda que vimos el otro día.

Pero pasó algo. El jueves recibimos un correo electrónico de la encargada de la huerta: Algunos de los pequeños agricultores han reportado que les robaron sus calabazas.

Yo pensé que era una de esas exageraciones del primer mundo. Porque la comida debe regalarse, si hay gente con hambre, que tomen de la huerta. Es normal, yo lo he hecho. He pasado muchas veces bajo árboles de duraznos y manzanas y he agarrado una fruta, no lo considero robar, es parte de lo que la naturaleza da y nosotros también tenemos que dar.

Pero aún así fuimos. Nosotros habíamos plantado también calabazas y yo había dudado si ya cortarlas o dejarlas crecer más. Eran como cuatro y cada una estaba pesando como unos 2 kilos mínimo y medían unos buenos 40 centímetros. Ideales para el invierno. Así que fuimos a la huerta a ver si habíamos sido víctimas del mentado atraco.

En efecto. Lo fuimos. 

Pero lo que hicieron fue que jalaron la planta de calabaza y se llevaron todas las frutas que teníamos. Al jalarla rompieron las ramas de tomates que quedaron pudriéndose en el piso y lograron que los melones se cayeran de su enredadera (me imagino que la sacudieron o algo así, porque eran meloncitos). Al hacerlo también mataron a la planta de calabaza, con sus cuatro florecitas que todavía podían haberse hecho fruto. Así que al robarse todas las calabazas de mi huerta y el resto de las huertas, básicamente destruyeron al resto de las plantas.

Iba a ponerme a filosofar sobre los distintos tipos de personas y el destruir seres vivos como acto de supremo egoísmo pero mejor les cuento que hoy nos comimos uno de los melones. Lo partí a la mitad y le puse nieve de mango.
Medio melón con nieve mmmmmiau



Mientras comíamos me acordé del cuento que mi mamá me contaba de chiquita, de dos gatitos, uno se llamaba Melón y el otro Melames. El caso es que Melón y Melames mataron un pajarito. Melón se comió las plumas y Melames el pajarito.
Y así lo contaba yo en el kinder. Ahhh qué trol mi madre. (fuente)
Fin.

16.8.13

fresco de la huerta

Siento no haber escrito en un rato, pero se atravesaron unas vacaciones. Bueno, no lo siento tanto porque me la pasé rebien. Luego les cuento un poco del viaje, ya tenía más de 5 años que aquí, la edigator, no salía de su jaula de hielo.

No sé si ya lo había dicho, pero tenemos una huerta. Ante el inminente fin del mundo, creo necesario aprender algunas técnicas de supervivencia, entre ellas, plantar, cosechar y cazar ardillas. Eso último tuvo un problema ortográfico, porque yo entendí casar ardillas, y pues me saqué una licencia de ministro y me la he pasado luchando por los derechos de las ardillas gays que también querían matrimoniarse... pero ésa es otra historia.

El caso es que primero conseguimos un poquito de tierra, como de unos 2x2m. Luego quitamos las hierbas, removimos la tierra , sacamos los vidrios (¿por qué siempre hay vidrios?) y planté unos tomates y unos chiles. Esto fue a principios de mayo. Luego aprendí la lección de nunca plantar antes de Memorial Day, porque nevó y se murieron todas mis plantas.

Pues después de eso, volví a plantar todo otra vez y pude rescatar una plantita de chile, lo malo fue que nunca volvimos a encontrar otra plantita de tomatillos. Planté calabazas, melones, tomates, chile serrano, chile poblano, papas, albahaca, perejil, cilantro, espinacas y pimiento morrón.

Aquí la historia hasta ahora.

En Wisconsin todo es grande. Cada tomate pesa un kilo, así que tuve que comprar unas jaulas para los tomates porque se les rompen las ramas a las plantas. Pero están deliciosos. No sé cómo voy a poder volver a comprar tomates en la tienda. Acuérdense, refresquen su memoria, los tomates son suculentos, jugosos, fascinantes, orgasmitos en la boca.

Mi gringo marido fue encargado de plantar las papas. Hizo un hoyo como de un metro de profundidad y luego les clavó un palo cual estaca contra vampiros para que nunca fuera a liberarse de su tumba. Y funcionó. Porque no se han asomado.

Las calabazas y los melones ahí van, creciendo y apropiándose de todo con sus hábitos de rastreras.

La espinaca no se dio porque el cilantro agandalló toda la luz, y en lo que me voltée por las tijeras para cortarlo floreció y tan taan, se acabó el cilantro.

Los chiles serranos pican como si los hubiera plantado el diablo (que algo hay de eso), están deliciosos. Ya he hecho llorar a unos españoles con una salsita.

La albahaca aparentemente atrae a todo bicho a la redonda, así que les cedí la planta.

Y el perejil..., esto fue lo que aconteció con el perejil. Para que no me fuera a suceder lo que luego me pasa (que es que llega de sorpresa el otoño a mediados de agosto y se muere), decidí cortarlo casi todo. Estaba frondoso, verde y abundante (como si Hulk se la hubiera... bueno, imagínense). Yo uso mucho perejil para cocinar, especialmente perejil seco.

Por lo tanto, corté mi profuso perejil, le quité los bichitos y la tierra y lo puse a secar sobre papel cartón.

Y entonces...
¿Qué? ¿A poco te da asco que me acueste sobre tu perejil sólo porque me chupo la cola
y rasco con mis patitas en la arena donde defeco?

Muajajaja
En fin, mi gato con cama nueva y yo voy a tener que ir a la tienda a surtirme de especies.
 
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