5.12.17

Sobreviviendo a la escuela pública: Semana 13



Semana 13

Van trece semanas, la vida va rápido. No se queden 13 semanas en algo que creen que será temporal, de pronto son años, como canta Silvio.

La semana fue de exámenes, los chicos y chicas aprendieron rápido que si le pican a “skip” o “mevalemadres” terminan en menos tiempo la multitud de exámenes que tienen que hacer. La siguiente semana (ésta, de ahorita, la 14) viene con más exámenes administrados por empresas privadas, etc.

Como la solución del distrito fue que enseñara todo en menos tiempo, pues bueno, ahí vamos. Básicamente un “no escupas, no le pegues, no lo muerdas” dicho más rápido.

Pero les quería platicar de la conferencia (junta con los padres) que tuvimos con un niño, no sé ni cómo llamarlo, quizás Thor, ese dios nórdico que hace cosas increíblemente idiotas…

Thor no sabe leer, no sabe escribir, pero sabe dictar cartas super racistas a sus exnovias y luego decir que así es en México, psss…

Entonces nos encontramos en junta con mamá. Mamá cree que su hijito Thor debe dedicarse a la escuela y no meterse en cosas feas, como… no sé, no hacer la tarea o leer cosas sexosas. 

Señora,” le tuvimos que decir, “Thor está involucrado en ventas de drogas y si alguien va a caer es Thor, por pendejo.” 

Obvio, no lo dijimos así, pero tratamos de explicarle la gravedad del asunto con respecto a que los otros participantes de la transacción tienen experiencia por su familia y Thor se encarga de las partes más peligrosas como intercambiar la mercancía y cargar el dinero.

La señora nos dice que con razón, porque el niño tiene miedo, ya que es por eso que Thor trae una navaja a la escuela todos los días.

Thor trae una na.va.ja. todos los días. A la escuela.

Pero… (llora),  nunca la he usado!” Grita Thor, el pendejo. Entre mocos sostiene, “ni siquiera la he sacado.

Entonces nos toca explicarle a mamá y a Thor que no se pueden traer armas a la escuela, aunque no las saquen, aunque no las usen. Y entre que le comentamos que Thor no sabe leer ni escribir, y sobre sus transacciones empresariales, su falta de disposición académica, mamá grita que el Thor debe aprender a ser un hombre y Thor llora.

Decidimos separarlos por un momento y mamá llora diciendo que tiene problemas en la casa y Thor sólo quiere estar con ella abrazándola.

Por otro lado, Thor le cuenta a otra maestra (la de educación especial que asegura que yo soy más pendeja que los calcetines de Thor) que su padre lo agarra a cintarazos cada que puede.

Proponemos que Thor no traiga armas a la escuela, que se ponga a leer y a estudiar y que mamá sea un poquito más amorosa con Thor. Mamá y Thor acceden.

Abrazos. Mocos. Lágrimas mezcladas con mocos.

Antes de despedirse mamá nos promete un ceviche de camarón y asegura que se va a chingar a los morenos que no tienen valores y quieren corromper a su hijito, hijo santísimo, acólito, perfecto. Nos da un abrazo y se va.

Al día siguiente, en medio del examen para medir su capacidad de dar click llega mamá con cevichito.

Fin de semana 14.

26.11.17

Sobreviviendo a la escuela pública: Semana 12

Semana 12

Esta semana fue perfecta, llena de alegría, risas, música, comida deliciosa y hasta visitas a museos. ¿Cómo es eso, queridísima lagartija? Se estarán preguntando. 

Pues nada, que sólo hubo 2 días de clase (el lunes y martes) porque nos fuimos para celebrar el genocidio de las primeras naciones. 




Por lo que casi no tengo nada que platicarles, por suerte no he pensado en la escuela en todos estos días y estoy hasta durmiendo sin pesadillas y no tiemblo cuando escucho a un adolescente por ahí.

Pero sí les puedo contar que una maestra, a quien llamaremos la Princesa Amanecer, renunció el viernes, ella llevaba 10 años en esa escuela, pero ya no pudo más.

No le aceptaron la renuncia. Le dijeron NO.

Le íbamos a hacer una despedida. Nos dijeron NO.

Alguien traía una tarjeta para que firmáramos todas. La interceptaron y la confiscaron. Nos dijeron NO.

No, Princesa Amanecer, mandaron decir por correo masivo, NO te vas. Te quedas hasta que autoricemos tu salida, tu reemplazo y la manera en la que vas a vivir tu vida.

Eso es algo que a mí me resulta interesante, por decirlo de algún modo.

Por un lado, el resto de los maestros y maestras y administradores comentaban que cómo era posible que la Princesa Amanecer se atreviera a renunciar a mitad del año. Que qué clase de profesionalismo es ese y, en otras palabras, mexicanamente...


Pero yo les decía, la Princesa Amanecer tuvo la delicadeza de avisar que se iba, no está pidiendo permiso. La Princesa Amanecer lleva desde agosto diciendo que no se puede ni respirar aquí, que vivimos aterrorizadas y que hay maestras que se la pasan llorando en el baño. Pedía ayuda a la directora casi a diario, de que se haga algo para proteger a las maestras.

Yo les decía, vivimos una vida y estamos ofreciendo nuestros servicios a la escuela, no al revés, y si la escuela no puede mantener un nivel mínimo de tranquilidad laboral, un espacio donde podamos sentirnos seguras y no sé, incluso disfrutar un poco la vida, podemos agarrar nuestros servicios e irnos a otro lugar.

Se me quedaban viendo como medio en shock. Pero estaban de acuerdo.

Aquí se enfocan mucho en no martirizar a los alumnos y alumnas y tratar de evitar que terminen en la cárcel antes de cumplir 15 años, pero se descuida enormemente la salud mental y física del profesorado. Tanto la administración como los niños y niñas nos tratan de la chingada.

Entonces el martes la Princesa Amanecer le dijo a los niños y niñas que se iba a partir de ese día. Los niños y niñas se pusieron a llorar en el pasillo, se arrancaban los pelos. ¿Por qué, Por qué Miss Princesa Amanecer, ¿por qué nos abandonas? ¿Por qué nos dejas? Por favor, no te vayas, vuelve. Te amamos.

Ella sonreía y decía, “Ya lo sé, pero me tengo que ir.”

Imagínense, estos niños y niñas que la insultan, que le avientan sillas, que hacen todas estas cosas, se lo están haciendo a una maestra que dicen que quieren.

En fin, le deseo mucha suerte a la Princesa Amanecer, que las siguientes aventuras vengan con dichas y satisfacciones y a lo mejor, la oportunidad de enseñar, que definitivamente en esta escuela no se puede hacer eso.




Posdata:
Ah, esta semana que entra (me avisaron el martes) tengo que poner un examen para medir el nivel de español de los alumnos y alumnas. El examen durará toda la semana porque está compuesto de tres partes y cada parte dura el mismo tiempo que la sesión de clases, además de que tengo que ofrecer un día más por si alguien no pudo tomarlo en el momento indicado. 

Pareciera que yo trabajo para las empresas que hacen exámenes o para las prisiones, o no sé, pero definitivamente no es en beneficio de los estudiantes.

Gobble gobble, me voy al cine. Tchau!

18.11.17

Sobreviviendo a la escuela pública: Semana 11

Semana 11

Hay un alumno que fue los primeros 4 días y luego dejó de venir. Y como todos los niños y niñas de este país tienen que estar educados (jajaja), se involucró a trabajadores sociales, maestras de educación especial y las autoridades locales para lograr un plan para que el niño quiera venir a la escuela y no pasarse todo el día en cama jugando videojuegos.

Mamá le dice, “hijito mío, vamos a la escuela.”
Y el hijito le dice, “cállate puta, no sirves para nada, perra, zorra.”
Mamá llora y le compra otro videojuego.

El plan es que una trabajadora social lo recoge como a las 9 de la mañana en su casa (las clases empiezan a las 7, pero a hijito no le gusta levantarse temprano), lo trae a la escuela y sólo tiene que quedarse hasta el recreo. No tiene que hacer nada, excepto respirar y no podemos exigirle nada. Su único objetivo es asistir a la escuela.

Hijito llegó el lunes o algo así, se salió de mi salón, lo agarraron en otro lugar visitando a un estudiante, que llamaremos aquí para efectos prácticos, alcaponito, y los metieron a hijito y a alcaponito a un cuartito para que pensaran en lo mal que se portaron. Trabajadores sociales, maestras de educación especial y las autoridades locales pusieron el grito en el cielo, lo “liberaron” y regañaron a los maestros que lo reportaron vagando en los pasillos.

El martes hijito trajo un arma. Se la iba a vender a alcaponito. Pero los maestros lo cacharon, le llamaron a la policía (usamos el código rojo y toda la cosa) y suspendieron a hijito por dos días. 

Dos días porque aunque es ilegal traer un arma, el estudiante no dañó a nadie. Hasta que no haya agresión intencional y directa de un estudiante a otro estudiante, no se procede. Si la agresión es a un maestro o maestra, solamente se procede si la agresión intencional y directa ocurre más de una vez con un mismo maestro o maestra.

Pero trabajadores sociales, maestras de educación especial y las autoridades locales pusieron nuevamente el grito en el cielo porque hijito no puede ser suspendido, ya que su único objetivo es asistir a la escuela y una suspensión va directamente en contra de su objetivo.

El jueves, hijito regresó y lo volvieron a cachar vagando por los pasillos con alcaponito. Pero los maestros aprendemos y ya no lo metieron al cuartito, nomás le dijeron con mucho amor y ternura que  regresa a tu salón, porfavorcito, amorcito, mira queridito que es por tu bien.

El viernes, como aquí su lagartija es invisible, hijito se puso a vender droga frente a mí. Bueno, otro estudiante le dio 30 dólares e hijito le dijo que era buenísima, que no raspaba nada, que lo iba a hacer reír, y con 30 dólares le alcanza para 3 churros, porque vende a 10 el churro.

Pedí apoyo, se llevaron a hijito con sus 150 dólares producto de las transacciones del día. A la media hora regresó hijito a mi clase. Como no le encontraron drogas encima, no había pruebas. Y así aprendí que su servilleta no sólo es invisible para los y las adolescentes, sino también para los trabajadores sociales, maestras de educación especial y las autoridades locales.

La siguiente semana es el día del pavo y por primera vez entiendo por qué los gringos lo usan para dar gracias.


Me siento infinitamente agradecida, quiero gritar: ¡Gracias! ¡Gracias! Que no tendré que ir a trabajar por cinco días.

Gobble Gobble

 
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