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21.8.13

Vacaciones 2013- las catarátas del Niágara

En nuestro tercer aniversario de matrimoniados decidimos (o fuimos al fin capace$$) de realizar un viaje lunamielero.  Manejamos por Michigan, cruzamos a Canadá, fuimos a Toronto, bajamos a las cataratas del Niágara, regresamos a Toronto, fuimos a Detroit y volvimos a casa. Todo en 7 días.

Niágara es una palabra iroquí, de las primeras naciones de América, que significa "truenos de agua". Conforme te vas acercando al pueblo se empieza a sentir el ruidoso rugido que braman las aguas, hasta te tiemblan los huesos de la emoción.

Para esto, no sé yo si les había contado, pero mi gringo marido nació por ahí de mediados del siglo XVI. Se confunde con la electricidad, se asusta con los elevadores, cree que facebook y twitter son embrujos del diablo (que es posible que tenga razón) y no entiende que desde el siglo XVIII los humanos hemos practicado el turismo.

Entonces, para las cataratas él esperaba ver esto:

y con ángeles canadienses cantando, aaaaaahhh
Entonces entró en SHOCK cuando llegamos y estaba esto:

Exactamente en Table Rock, mismo ángulo

Empezó a echar espuma por la boca y a decir que cómo era posible que hubieran comercializado tanto el lugar como para poner maquinas de sodas, casinos , restaurantes, barandales, escaleras, puentes, barcos, etc. Cada pieza de elaboración humana era severamente analizada y refunfuñada. Pero como los iroquíes sabiamente lo dijeron, con los truenos de agua realmente no se podía escuchar nada más que el agua, la caída y la naturaleza siendo bien chingona. Yo nomás lo veía manotear y pelar los ojos.

Sí están bonitas.

Viendo pallá (eso es Estados Unidos en el puente Rainbow)

Viendo pacá

Y si camina uno más para allá, se encuentra un remolino:
Si se fijan con cuidado, ahí a un lado del agua hay unos excursionistas y un perro

Miren:
Ahí ahí
¡Gente!
Ante lo magistral del paisaje y la soberbia fuerza de la naturaleza en su formidable raudal, en ese momento en lo único que yo podía pensar era "qué flojera la subida". 

8.7.13

Green Bay, una experiencia inolvidable

Ayer fuimos a Green Bay, Wisconsin. Es un pueblito chiquito chiquito, casa de los empacadores de Green Bay. Cosa que en cada esquina hacían notar.
esquina 1

La verdad, es un motivo de orgullo este equipo de futbol porque el pueblo es dueño del equipo. Esto es, desde 1919 es un equipo comunitario no lucrativo y cada ciertos años se abren algunas acciones para que todos los Wisconsinianos puedan ser socios/dueños del equipo. ¿Se imaginan? Y así siguen ganando campeonatos. Obviamente ver un juego en Green Bay es imposible, los asientos están vendidos con como 10 años de anterioridad.

Aún así decidimos ir a conocerlos... pero hubo un problema de comunicación.

           Sí, señorita, ya sabemos que hoy no hay juego, 
           pero queremos ver a los "empacadores" de Green Bay.


Al final terminamos en un museo, la exhibición era de video juegos antiguos, de hace como 30 años o más. Decían. Había grandes explicaciones de cómo los humanos primitivos jugaban estos juegos y cómo una bolita representaba un personaje o una serie de pixeles una nave. Explicaban cómo estas máquinas eran colocadas en salones donde los jóvenes jugaban, a pesar de no obtener un premio a cambio.
oooohhhh

ahhhhh


Esto ayuda a las nuevas generaciones a conocer su historia y así acercarse a la experiencia total de las inimaginables épocas cuando no existía la tecnología de estos días. Trataban de inyectarle emoción a estos armatostes incomprensibles, arcaicos y sin chiste.

Obviamente, el museo estaba casi vacío.

¿A quién le interesa jugar gratis cosas como Donkey Kong, Pac Man, Mrs. Pacman, Spy Hunter, Frogger, Space Invanders, Tron, etcétera, etcétera y etcétera?

La verdad, los chilletas nos tuvieron que correr 
quesque porque el museo tenía que cerrar 
y quesque los cuidadores tenían hambre.

Me gustó Green Bay.

22.6.11

Otro pincelazo de San Francisco







Esto, señoras y señores, ¡es una Mother Foca!




Ash, bueno, leon marino y macho, pero en fin... se entiende.

9.6.11

No andaba muerta

La edigator andaba de parranda.

Fuimos a San Francisco de volada, en teoría era ruta de paso pero tuvimos que detenernos a saludar al mar, comernos un pescado y mirar el famoso puente Dorado.

Así que antes de entrar a la ciudad decidimos ir a verlo desde un lugar espectacular. Existe un mirador llamado Hawk Hill, el cual está arriba de la montaña y se puede ver toda la bahía. En verdad, esperábamos esto:


Pero, como siempre, la realidad sin photoshop tiende a ser diferente, y nos tocó esto:

3.12.09

Terropuertos

Parece que vamos a volar. Y eso me da miedo.

No tanto porque se pueda caer el avión o pueda ser estrellado contra un edificio o porque la colchas de la nave tengan gérmenes e infecciones malévolas como la cochigripa , aunque eso tampoco me gusta. Tampoco porque implique ir apretujada entre un triste gordo que no cabe entre los descansabrazos y una viejita que cierra la cubre ventana porque le molesta la luz y para toser se saca los dientes, y atrás de un bebé que no parará de chillar en todo maldito vuelo y su hermanito de 2 años estará corriendo y aullando por el pasillo mientras la fodonga madre sonríe beatíficamente mientras suspira “ay, son niños”. No es por eso, no. Lo que más me da miedo de viajar es el aeropuerto.


Desde el momento que cruzas la puerta te conviertes en un terrorista, en un no humano, sin derechos y sin opiniones. Cualquier tipo de queja o indicación de molestia es inmediatamente tomado como un acto que promete culpabilidad. La premisa del estado totalitario de ¿si no tienes nada que ocultar, por qué estás nervioso? Se aplica en todos lados.

Mi hermana fue llevada al cuartito de exploración profunda de cavidades porque tenía una conexión en 20 minutos y no encontraba la sala, su irritación y nerviosismo de perder el vuelo la convirtieron en sospechosa. A mi madrustra la llevaron al cuartito porque no puso los pies sobre las marquitas en el suelo cuando se lo indicaron, y no lo hizo porque ella no habla inglés y las instrucciones le fueron berreadas en tan bárbaro idioma. Madame Queta estuvo detenida cuatro horas en el cuartito porque Air France perdió su maleta en Hamburgo y ella osó pisar Dallas algunas horas después con la carta de la aerolínea que explicaba (en francés) dónde podría reclamarlas, alguien sin maletas transporta droga. Siempre. A Elisa por ocurrírsele dejar sus pertenencias (en una conexión de 6 horas) en la sala de espera en lo que iba al baño, regresó para encontrarse tres perros y un robot tratando de explotarle la maleta. Después la llevaron al cuartito.



Entonces en cuanto piso el aeropuerto empiezo a sudar, me formo frente a la cámara de radiación y de pronto tengo imágenes mías de haber echado la pasta de dientes en la mochila y eso es promesa de bomba. ¡Bomba! No digas “bomba”, me digo. Todo menos bomba. Bomba es lo peor que puedes decir. No expreses bomba. No caviles en bomba. Ayer pasé por tu casa... No no. No bomba. No menciones bomba.

“Go through!” Me indican.

Sudo, pienso “no digas bomba”, sonrío y empujo mis cajitas con zapatos, monedas, abrigo, bufanda, cinturón, mochila, etc, me imagino que si ya tienen las máquinas que leen mentes, o igual a la de Medium detrás de esa puertita va a saber que pensé en bomba, NO, no, bomba no, imagino bombas yucatecas, bombas veracruzanas, bombas de aire, bombas y bombillas.

“Go through!” Me gritan.

Y paso.

Me empiezo a relajar, llego al otro lado, agarro mis cajitas, me pongo los zapatos, agarro mis monedas, el cinturón, las llaves, el abrigo, la bufanda, tomo la mochila, le doy la cajita al Mr. que las apila y pienso “gracias” y por supuesto digo “¡BOMBA!”.

Por cierto, estoy segura que los soldados de Abu Ghraib antes de estar en esa prisión trabajaban en el cuartito.

Cómics aquí, aquí y aquí
 
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