17.5.11
Tres historias de zopilotes y Playa del Carmen
15.1.11
Quique, el fantasma amistoso
5.8.07
Invasión de las plagas
Porque con las miradas y reacciones de mi gato, llega un punto en el que uno jura que detrás hay un fantasma asesino a punto de atacar, así que, cuando empiezas a cubrir los espejos, dejas de hacerle caso al gato.
El caso es que yo feliz, puntada tras puntada, lalalá, y el gato brincando como desesperado.
Ok, le dije, ok, ya, puse aguja en lugar seguro y moví la mochila.
Salió un ratón.
¡Un ratón!
¿Qué chingados hacía un ratón en mi computadora?
El caso es que el bicho corre a mis libros y me dije ni madres, que se esconda en la ropa pero no en mis libros, ¡ataca! le grito al gato, ¡ataca! el gato zaz lo agarra y la sabandija empieza a chillar, como conejo muriéndose, como uñas en el pizarrón.
Ik ik iiiik
¡Abajo, afuera,! le aúllo al gato, y él, obediente con la alimaña en la boca, baja las escaleras y se acerca a la puerta, mufau, me maulla. La colita le salía entre los dientes, agitándose como lombriz.
No sé si les conté, pero una vez en Playa del Carmen iba cruzando la calle y me encontré un tlacuache atropellado, pobrecito, me dieron ñáñaras y quise mirar hacia otro lado, pero algo ondeaba en el cadáver ése y vi que estaba lleno de tlacuachitos (tomen nota, los tlacuaches son marsupiales, nacen y los meten en bolsitas por todo el cuerpo, como los canguros)
Y no se estaba haciendo el muerto, tenía la cabeza aplastada y estaba embarrado de mierda (esto último lo descubrí después, ew).
El caso es que agarré a los marsupialitos y los metí en una caja de huevos. Eran ocho fieritas. Me la pasé un todo un mes, en cuanto llegaba de trabajar, dándoles de comer con un biberón cada tres horas, pero, oh terrible situación, luego vino temporada alta, mucho calor y tours de 13 ó 14 horas seguidas, y bua, los maté a todos de sed. Recuerdo que un día llegué y el gato había descubierto a los tlacuaches y había jugado con ellos, los reparé como pude, pero uno perdió un dedo. Regañé al gato y lo entrené (creo) a quererlos (el amor se enseña), entonces el gato recorría todo el mini estudio con tlacuaches trepados en el lomo y panza, mientras gritaba como desquiciado “quítamelos, quítamelos” (desde entonces su maullido no es el mismo).
El caso es que de vuelta a este momento.
Mi gato suelta al ratoncito, plop, y la verdad, se veía bien bonito, súper tierno. Todo mojadito el bichito, pensé, lo baño para quitarle la peste bubónica e igual y podríamos vivir felices los tres, le podemos poner Squeak y qué carajos estoy pensando, júchale ratón, abrí la puerta, agarré al gato y lancé un, SOCORRO RATÓN AUXILIO lo que en idioma animal se traduce literalmente a “corre o te piso” y huyó hacia el Río la Silla.
El gato ya no me habla.
30.7.07
el tour del mac bix ta
El tour era uno en el que se incluían tres tirolesas, dos cortas y en la última

Además de las tirolesas había dos cenotes en los que nadabas y al final hamacas y comida.
Advertencia: si tu estómago no soporta anécdotas gore (JD) deja de leer.
Recogí a éstos en la naviera, eran de un crucero, y el señor me dijo que se sentía mal, mareado, con asco, le pregunté si quería hacer el tour y dijo que sí, así que supuse que estaba crudo. Creo que era australiano, pero no recuerdo bien. Venía de luna de miel con su esposa. Del crucero había otras seis personas.
Nos tocó como primera actividad la tirolesa. En lo que les ponía los arneses me pidió ir al baño, le indiqué dónde estaba. Se echaron a la primera, llegó el mr., le revisé el arnés y todo bien, lo lancé. Fuimos a la segunda, todo perfecto. A la tercera el mr. ya estaba verde, me dice que tiene que ir al baño y yo le digo vaya pero que se apure, porque teníamos contado el tiempo, dio media vuelta y se echó a correr. Subimos todos a la plataforma y mientras iba conectando a cada uno de los turistas, yo como siempre, disfrutaba del paisaje, y, como acababa de pasar el huracán, pues los árboles no tenían hojas, se percibía claramente el suelo, la selva y al señor que no llegó al baño, en cuclillas lanzando chorros cafés y humeantes por cada uno de sus extremos. El arnés estaba enredado en sus pies, así como sus shorts. Juro que traté evitar verlo, pero la fuente humana expeliendo líquidos pastosos era hipnotizante. Mientras enchufaba turistas ellos me miraban y hacían una mueca de repulsión. Luego el mister se quitó la camisa y se trató de secar zapatos, piernas, shorts y arnés, en movimientos de arriba abajo, de un lado a otro.
Era el último, subió descamisado, sus tenis rechinaban squeak squeak y venía dejando huellas en la escalera de madera, le dije que se enchufara al cable y que se aproximara. Se acercó y me dijo, fiu.
Ok, let me rephrase that.
Aventó una voluta de vaho vomitada margaritas cerveza corona de antier bife rare onion rings buffet de huevo hacia mi rostro y dijo ffffffffiuuuuuuuu, se me enchinaron las trenzas.
Agarré aire selvático, y tomé su arnés para conectarlo a la tirolesa, estaba húmedo and grimy!!! Estirando el brazo, traté de desenchufarlo del cable, no era posible. Había que tocarlo.
Nay ¡Había que abrazarlo! De pegar mi pecho contra el suyo abrazarlo, de rodearlo con mis brazos y maniobrar en su espalda abrazarlo, de contacto abrazarlo.
Yo podía aguantar la respiración casi un minuto, lo rodeé con mis brazos e hice la cabeza para atrás, pero al sentir su piel fría y pegajosa y él respirándome en la nuca hice un *gasp*, inhalé partículas cargadas de levadura muerta, pedazos de excomida, hedor flora intestinal, pasta, fétida peste marrón… en mis shorts, donde coincidían con los suyos, sus empezaba a ver la humedad creciendo, sus piernas tenían una textura granulosa, como si se hubiera revolcado en lodo. Las arcadas, la nausea, el sentimiento de mi café y el cigarro llenándome la nariz y pensé, le voy a vomitar encima. Así que lo empujé, mi mano se despegó despacio de su cuerpo y el cuate se fue, se fue, y se fue. Yo agarraba aire y sentía las convulsiones, los espasmos, me doblé y cerré los ojos, yo también estaba a punto de ser fuente, cuando los abrí vi mis manos y un amigo guía abajo… Hoolaaaa.
Y yo medio sonreí/grité/lloré.
Poco a poco me calmé, casi zombie me conecté a la tirolesa y di el paso al vacío, miré la plataforma y las huellas de los zapatos del tipo estaban marcadas en el suelo. No quise ver mis manos.
El resto ya fue trámite, Eloy el shamán había enviado al Mr. cagón al cenote a bañarse, le dije que teníamos que quemar el arnés y él lloraba de la risa. Amenacé con tocarlo con las manos y lo vi feo. Total, nadamos, comimos, mr. caca se acostó en la hamaca y le vendí tres camisetas. De propina me dio cinco dólares.