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17.5.11

Tres historias de zopilotes y Playa del Carmen


Pajarito, pajarito
Que vuelas de flor en flor
¿por qué estás tan grandote?
-¡Porque soy un zopilote!

UNA
Un amigo de playa del Carmen, iba una soleada mañana de regreso de una noche de tragos y se encontró a la orilla de la banqueta un polluelo semi herido. Su compasiva naturaleza y su conocimiento cria pollos lo hizo recogerlo y ponerlo en una cajita, lo llevó a su departamento donde lo alimentó y trató de curarle su patita.
pío pío

El polluelo, al principio no reaccionó muy bien, pero poco a poco fue comiendo y creciendo y creciendo y comiendo más y más. Como seguía creciendo, de las posibles 445 especies de maravillosas aves de la península de Yucatán, pensó que el polluelo (Simón) podría ser un pavo salvaje o incluso un flamenco.

¿Pavo yo?

O un águila. Un águila real

Así que decidió hablarle a su amigo, el biólogo, antes de que los vecinos llamaran a la Semarnat (es difícil explicarle a un agente Federal del gobierno que el águila real que está en tu departamento te la encontraste en la banqueta).

El biólogo llegó, evaluó y dictaminó: Simón es un zopilote.

El zopilote Simón fue transferido a un zoológico donde fue cuidado hasta que fue adulto y luego reinstaurado en su debido hábitat: el basurero municipal. 

no es Simón, pero es un basurero fuente

Lugar que mi amigo visita de vez en vez para que Simón, quien lo reconoce con jubilante alegría, le lleve una deliciosa bolsa de basura llena de papel de baño y pañales.

DOS

Teníamos que llevar a un grupo de 24 turistas españoles a un tour a la selva, así que yo transportaba a 14 en mi camioneta y mi compañera llevaba otros 10. Yo iba manejando al frente. Sobre el pavimento vimos uno de los típicos y autóctonos paisajes de las carreteras de México.
buffet con zopilotes fuente


Animal atropellado y zopilotes alrededor. En este caso, como seis.

Puesto que golpear zopilotitos con mi camioneta (la chata) no era un hobby particularmente agradable, les pité, les hice cambio de luces, les pité más y llamé a mi compañera por el radio: "ch´om, ch´om, cambio" (Nota: ch' om es zopilote en maya)) y bajamos la velocidad.

Importante: la rapidez y la distancia hace que 
un zopilote no vea el vehículo ni escuche el claxon. 
Si viajan por carretera y ven zopilotes desayunando, 
hagan cambio de luces y bajen la velocidad.

En esta ocasión, la víctima era un triste xereque despanzurrado, y poco a poco las pesadas aves empezaron a levantar el vuelo.  Uno, dos, tres, despacio, alzando las alas, cuatro, cinco y goloso seis toma el xereque con el pico y ¡lo levanta!

Mis turistas lanzaban expresiones de hurra y viva tales como: ¡Nooooo! ¡Azzzcoooo! ¡Se salen las tripas! ¡Zangre zangre! ¡Mis ojoooos! ¡Mira, el otro lo está atacando! ¡Le arrancó una pataaaa!
Por el radio avisé a mi compañera “sangre, tripas, sangre, cambio”.

Seis y ex-xereque pasaron a un costado de la camioneta, la compañera comenzó a responder cuando por el retrovisor vi cómo seis, incapaz de remontar completamente el vuelo y evitar la envidia zopilotera, decidió soltar su sangrienta, aplastada y destripada presa justo sobre el parabrisas de la compañera. ¡SPLAT! Lo que se escuchó en el radio fue un coro de  “Auxilioooooooooooooo, cambio” de 10 españoles y la compañera.

Y el pobre de Seis se quedó sin cena.

TRES

Frente a un cenote al que íbamos casi todos los días, habia un puesto de tacos. Los más populares entre los comensales eran los de pollo. Eran populares porque estaban bien sazonados, la salsa era riquísima y lo mejor, eran super super super baratos.
mmmmm, pollito

Un día, mi amigo Damián llegó temprano al puesto de tacos y no estaba el taquero, así que se metió por un camino selvático para buscarlo. Ahí encontró al taquero cazando a los pollos. Pero no eran pollos.

Ya nunca más volvimos a comer ahí.
¡Fin!

15.1.11

Quique, el fantasma amistoso

Fuimos a Playa del Carmen a pasar las fiestas decembrinas y a reconectar lazos familiares. Por lo tanto, la edigator (osea yo) pasó mucho tiempo con su hermanita la Ranatasha (ahora llamada Doña Fuchititita Ranatasha, pues se elevó en estatus social al productivamente efectuar el rite of passage de parir).

El primer día, después de una sesión de abrazos galore e historias que resumían años en minutos, volvían pues Doña Ranatasha y la Edigator al hogar de Doña Ranatasha, donde se encontraba la hija de la Ranatasha (y sobrina de la Edigator, osea yo) con la niñera.

Al abrir la puerta, la escena era caótica. La niñera temblaba, pero estaba coherente. La sobrina de dos años jugaba con una crayola; la, muy simpática pero temblorina, niñera empezó lo siguiente: 

Niñera: Lo sigue haciendo, sigue buscando a Quique. Lloró porque me senté en un lugar y ella decía que ahí estaba Quique, que me quitara.
Edigator: ...
Doña Ranatasha: Son niños.
Niñera: No, su papá me dijo que era el compañerito de ella. El que falleció. Que era Enrique. Quique, ¡Quique! Que falleció.
Doña Ranatasha: Ningún compañerito falleció, tranquila ... ¿Te llevo a tu casa?...

Y la llevó.

Total, pasaron los días y siguieron libaciones nuestras, y no hubiera vuelto a recordar la historia si no fuera porque en la fabulosa fiesta de año nuevo, entre uvas y campanadas un bello saltamontes se metió al hogar de mi hermana.


 Saltaba a una pared y a otra, voló hacia una silla, luego hacia la televisión la sobrina lo perseguía con singular deleite, reía y trataba de atraparlo. Brincaba a una pared y decía "na pared" y corría ahí. Saltaba a una silla y exclamaba "na sía" y corría (sía, porque tiene dos años, no dice SiLLa). Extendía las manos, y entonces, el saltamontes brincó a un sofá,  y la sobrina dijo: “no tá”.

Le contesta su padre: ¿qué pasó, mija, dónde está el cricket?

Y dice la sobrina, con absoluta seriedad y apuntando hacia donde el bicho se había escondido: “Nel sofá, Quique tá nel sofá.”


Pobre niñera, en este mundo, si no se es bilingüe no se puede tener salud mental. 
Tan tán.

5.8.07

Invasión de las plagas

Hoy domingo me puse de Barbie costurera a subirle la bastilla a mis tres pantalones para tener qué ponerme ahora que empiezan las clases. El gato, desde en la mañana, estaba necio con que quería meterse al portafolio de la laptop, pero como de repente le da por perseguir imaginary goblins o hacerle fu a la pared, yo, por salud mental, trato de no hacerle mucho caso.
Porque con las miradas y reacciones de mi gato, llega un punto en el que uno jura que detrás hay un fantasma asesino a punto de atacar, así que, cuando empiezas a cubrir los espejos, dejas de hacerle caso al gato.
El caso es que yo feliz, puntada tras puntada, lalalá, y el gato brincando como desesperado.
Ok, le dije, ok, ya, puse aguja en lugar seguro y moví la mochila.
Salió un ratón.

¡Un ratón!

¿Qué chingados hacía un ratón en mi computadora?
El caso es que el bicho corre a mis libros y me dije ni madres, que se esconda en la ropa pero no en mis libros, ¡ataca! le grito al gato, ¡ataca! el gato zaz lo agarra y la sabandija empieza a chillar, como conejo muriéndose, como uñas en el pizarrón.
Ik ik iiiik

¡Abajo, afuera,! le aúllo al gato, y él, obediente con la alimaña en la boca, baja las escaleras y se acerca a la puerta, mufau, me maulla. La colita le salía entre los dientes, agitándose como lombriz.


No sé si les conté, pero una vez en Playa del Carmen iba cruzando la calle y me encontré un tlacuache atropellado, pobrecito, me dieron ñáñaras y quise mirar hacia otro lado, pero algo ondeaba en el cadáver ése y vi que estaba lleno de tlacuachitos (tomen nota, los tlacuaches son marsupiales, nacen y los meten en bolsitas por todo el cuerpo, como los canguros)
Y no se estaba haciendo el muerto, tenía la cabeza aplastada y estaba embarrado de mierda (esto último lo descubrí después, ew).
El caso es que agarré a los marsupialitos y los metí en una caja de huevos. Eran ocho fieritas. Me la pasé un todo un mes, en cuanto llegaba de trabajar, dándoles de comer con un biberón cada tres horas, pero, oh terrible situación, luego vino temporada alta, mucho calor y tours de 13 ó 14 horas seguidas, y bua, los maté a todos de sed.
Recuerdo que un día llegué y el gato había descubierto a los tlacuaches y había jugado con ellos, los reparé como pude, pero uno perdió un dedo. Regañé al gato y lo entrené (creo) a quererlos (el amor se enseña), entonces el gato recorría todo el mini estudio con tlacuaches trepados en el lomo y panza, mientras gritaba como desquiciado “quítamelos, quítamelos” (desde entonces su maullido no es el mismo).


El caso es que de vuelta a este momento.
Mi gato suelta al ratoncito, plop, y la verdad, se veía bien bonito, súper tierno. Todo mojadito el bichito, pensé, lo baño para quitarle la peste bubónica e igual y podríamos vivir felices los tres, le podemos poner Squeak y qué carajos estoy pensando, júchale ratón, abrí la puerta, agarré al gato y lancé un, SOCORRO RATÓN AUXILIO lo que en idioma animal se traduce literalmente a “corre o te piso” y huyó hacia el Río la Silla.


El gato ya no me habla.

30.7.07

el tour del mac bix ta

Buscaba una libreta con hojas limpias y me encontré una de Playa, de cuando hacía los tours. Hubo tantos tantos incidentes peculiares que no puedo recordarlos bien, de los casos mencionables están cuando me llevé a los ciegos, la señora de la pierna artificial, la que se estaba muriendo de cáncer, el que se clavó el hacha, la esquizofrénica, la que la mamá no quiso ir y me mandó puros niños, cuando me caí de la bici, cuando claudia se cayó de la tirolesa, cuando me descontaron en el cenote, cuando se me cayó la portuguesa, cuando una se me puso histérica en la torre, cuando el jaguar atacó al pax (un jaguar bebé), las avispas ovejeras, y creo que ya. Pero hoy me acordé del señor cagón.
El tour era uno en el que se incluían tres tirolesas, dos cortas y en la última había que subir una torre hasta la plataforma, la cual, por medidas de seguridad, sólo admitía dos personas: el pax y el guía. Había un cable de acero que iba de la escalera a la plataforma y una viga en la que estaba una cuerda de seguridad. Le decías al turista que siempre tenía que estar amarrado a algo, así que se enchufaban al cable y caminaban hacia ti, tú estabas enchufado a la viga. Por la posición había que conectar al pax a la tirolesa, medio abrazarlo (o mucho abrazarlo si era gordo) y quitarle el enchufe del cable. Si el turista se asustaba, antes de brincar se pescaba de ti y tú caías de la plataforma, te golpeabas la cadera y la cabeza pero sobrevivías (el turista recorría los 50 metros de tirolesa).
Además de las tirolesas había dos cenotes en los que nadabas y al final hamacas y comida.
Advertencia: si tu estómago no soporta anécdotas gore (JD) deja de leer.

Recogí a éstos en la naviera, eran de un crucero, y el señor me dijo que se sentía mal, mareado, con asco, le pregunté si quería hacer el tour y dijo que sí, así que supuse que estaba crudo. Creo que era australiano, pero no recuerdo bien. Venía de luna de miel con su esposa. Del crucero había otras seis personas.
Nos tocó como primera actividad la tirolesa. En lo que les ponía los arneses me pidió ir al baño, le indiqué dónde estaba. Se echaron a la primera, llegó el mr., le revisé el arnés y todo bien, lo lancé. Fuimos a la segunda, todo perfecto. A la tercera el mr. ya estaba verde, me dice que tiene que ir al baño y yo le digo vaya pero que se apure, porque teníamos contado el tiempo, dio media vuelta y se echó a correr. Subimos todos a la plataforma y mientras iba conectando a cada uno de los turistas, yo como siempre, disfrutaba del paisaje, y, como acababa de pasar el huracán, pues los árboles no tenían hojas, se percibía claramente el suelo, la selva y al señor que no llegó al baño, en cuclillas lanzando chorros cafés y humeantes por cada uno de sus extremos. El arnés estaba enredado en sus pies, así como sus shorts. Juro que traté evitar verlo, pero la fuente humana expeliendo líquidos pastosos era hipnotizante. Mientras enchufaba turistas ellos me miraban y hacían una mueca de repulsión. Luego el mister se quitó la camisa y se trató de secar zapatos, piernas, shorts y arnés, en movimientos de arriba abajo, de un lado a otro.

Era el último, subió descamisado, sus tenis rechinaban squeak squeak y venía dejando huellas en la escalera de madera, le dije que se enchufara al cable y que se aproximara. Se acercó y me dijo, fiu.
Ok, let me rephrase that.
Aventó una voluta de vaho vomitada margaritas cerveza corona de antier bife rare onion rings buffet de huevo hacia mi rostro y dijo ffffffffiuuuuuuuu, se me enchinaron las trenzas.
Agarré aire selvático, y tomé su arnés para conectarlo a la tirolesa, estaba húmedo and grimy!!! Estirando el brazo, traté de desenchufarlo del cable, no era posible. Había que tocarlo.
Nay ¡Había que abrazarlo! De pegar mi pecho contra el suyo abrazarlo, de rodearlo con mis brazos y maniobrar en su espalda abrazarlo, de contacto abrazarlo.
Yo podía aguantar la respiración casi un minuto, lo rodeé con mis brazos e hice la cabeza para atrás, pero al sentir su piel fría y pegajosa y él respirándome en la nuca hice un *gasp*, inhalé partículas cargadas de levadura muerta, pedazos de excomida, hedor flora intestinal, pasta, fétida peste marrón… en mis shorts, donde coincidían con los suyos, sus empezaba a ver la humedad creciendo, sus piernas tenían una textura granulosa, como si se hubiera revolcado en lodo. Las arcadas, la nausea, el sentimiento de mi café y el cigarro llenándome la nariz y pensé, le voy a vomitar encima. Así que lo empujé, mi mano se despegó despacio de su cuerpo y el cuate se fue, se fue, y se fue. Yo agarraba aire y sentía las convulsiones, los espasmos, me doblé y cerré los ojos, yo también estaba a punto de ser fuente, cuando los abrí vi mis manos y un amigo guía abajo… Hoolaaaa.
Y yo medio sonreí/grité/lloré.
Poco a poco me calmé, casi zombie me conecté a la tirolesa y di el paso al vacío, miré la plataforma y las huellas de los zapatos del tipo estaban marcadas en el suelo. No quise ver mis manos.
El resto ya fue trámite, Eloy el shamán había enviado al Mr. cagón al cenote a bañarse, le dije que teníamos que quemar el arnés y él lloraba de la risa. Amenacé con tocarlo con las manos y lo vi feo. Total, nadamos, comimos, mr. caca se acostó en la hamaca y le vendí tres camisetas. De propina me dio cinco dólares.

 
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