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18.4.16

Las memorias del ayer

Me choca que de pronto ando en la bicicleta o estoy concentrada trabajando y clic entra el screen saver, esa música que empieza a sonar dentro de tu cabeza cuando estás concentradx en otra cosa. De pronto te escuchas a ti mismx cantando a cuatro voces “pollito chicken, gallina hen” o peor, “pinol, pinol, aromatiza, limpia y desinfecta...

La infección del screen saver suele durar días, meses, empieza a saturar tu cerebro y tú empiezas a ser poseídx por el ritmo insulso de la bastarda melodía. Escuela, electrónica, mon te rreeeeey...

Comprendo a los descorazonadas empresas y corporaciones que quieren aniquilar el subconsciente del humano para transformarlos en sucios robots con carteras. Eso explica inicie hoy inicie hoy por qué han logrado manipular las sinapses de las neuronas para controlarnos una nueee va etaaaa pa 

Pero es incomprensible por qué a los niños en sus etapas formativas en su vi da no les enseñan algo más sustancioso, como la bohème o al menos carmina burana con sus aparentemente cultas y elegantes canciones pero realmente vulgares poemas como:

Amor volat undique;
captus est libidine.
Iuvenes, iuvencule
coniunguntur merito.

Traducción:
Amor vuela por todas partes;
es capturado por el deseo.
Los jóvenes y las jovencitas
se unen merecidamente.
¿A poco no suena bonito?

¡No! A los pobres humanos en vías de desarrollo les enseñan a cantar estupideces de golondrinas trasquiladas o un tal mambrú en la guerra (¿todavía enseñan eso? No tengo idea. 

La verdad es que escuché a la pequeña hija de unos amigos [medía como un metro, tendría unos ¿10? ¿5? años, me llegaba como al ombligo, ¿6?, bueno no importa el caso es que la niña] estaba cantando [berreando] una vomitiva 

I love you You love me 
we're a happy family 
with a great big hug and a kiss from me to you

La morrita lanzaba estos sonidos y ponía los ojos en blanco y echaba espuma por la boca. Parece que esos sonidos se los enseñó un dinosaurio morado a la que fue expuesta en largas sesiones de entrenamiento coco wash. Canción, por cierto, que ha sido usada por la CIA para torturar a los presos políticos. Fuente)

El caso es que cuando estas personas en potencia lleguen a la edad media y sus neuronas empiecen a reactivarse echando chispas de screen savers se van a ver torturados por rimas insulsas por culpa del sistema educativo y la fijación de obligarlos a escuchar "canciones para niños".

Ya tendrán suficiente con la lucha contra radio y televisión, mecánica automotriz ...

Ahora, yo tuve la suerte de que en la preprimaria tenía una maestra hippy que nos metía a memorizar el Yellow Submarine  y que yo recito en vez de padrenuestros pero a la par del pollito chicken y un tal ayuslipi brodejón que hasta la fecha no sé si es sánscrito o qué, pero me calma.

Obviamente los seres humanos necesitamos patrones lingüísticos memorizados e internalizados que simbolicen etapas seguras de nuestra vida. Si no ¿por qué surgen estos screen savers de pronto? ¿Por qué en situaciones de máximo estrés nos calma el recitar una y otra vez un patrón de palabras? Me imagino que este patrón puede darse en forma de canciones, oraciones, poemas o mantras. 

Dícese por ahí que rezar sirve, que meditar ayuda, que cantar alegra, pero como científicamente eso es prácticamente imposible de probar o que un patrón melódico sea mejor que otro, suplico, por el bien de los futuros adultos: aléjenlos de “sol solecito caliéntame un poquito” y enjarétenles “O Sole Mio”.

Ya es muy tarde para mí. Pero ellxs todavía pueden salvarse.

¡Muerte a la industria de canciones para niñxs!

25.9.10

De por qué odio el kareoke

Cuando yo era menor (uhh), en torno de una mesa de cantina (digo, de cocina), en noches de invierno o primavera, regocijadamente departíamos todos en familia, como alegres bohemios.

Los ecos y risas escapaban de aquel sitio quieto que iban a interrumpir el imponente y profundo silencio. El humo de olorosos cigarrillos en espirales se elevaba al cielo, simbolizando resolverse en todo la vida de los sueños. Pero siempre, en todos los labios había risas (y ocasionales desaciertos). Poca inspiración en los cerebros y repartidas en la mesa, copas llenas de ron, güisqui o cerveza (para los niños coca-cola).






Era curioso ver aquel conjunto, aquel grupo bohemio, del que brotaba la palabra chusca (o la que vierte veneno) lo mismo que melosa y delicada, la música de un verso. A cada nueva libación, las penas se hallaban más lejos, y de nuestro grupo la nueva inspiración llevaba aquel cerebro, chascarrillos y versos. Y de pronto, un tío, de voz varonil decía de pronto. “Es hora, compañeros, digamos que cantamos como cantaban los muertos, brindemos por la hora que comienza, por los niños nuevos, venga la guitarra y tratemos, como lo hizo nuestro padre, a cantar los desconsuelos”


Mi otro tío, de barbas y desafinado decía, “brindo porque ya hubiere a mi existencia puesto fin con violencia si no fuere por el sino una pálida estrella”. Rechiflas, alzaba entonces su copa mi padre, y empezaba un bolero. Más tonos disonantes no se escucharan en estadios.




cantemos por el pasado, empezaba, que fue de luz, de amor y de alegría,
      y respondíamos, como leyéndonos las mentes, “¡por arriba!”
y en el que hubo mujeres seductoras (¡por abajo!)
y frentes soñadoras (¡por arriba!) 

que se juntaron con la frente mía (¡por abajo!)

y mi tío el de las barbas rasgaba en las cuerdas un chuntata...

Entre todos berreaban:


brindo por el ayer que en la amargura, que hoy cubre de negrura (mis calzones, exclamábamos) 
mi corazón, esparce sus consuelos (por arriba) 
trayendo hasta mi mente las dulzuras (por abajo) 
de goces, de ternuras, (sin calzones) 
de dichas, de deliquios, de desvelos. (por abajo).


Pero no. Ahora vamos a un kareoke, oscuro y ruidoso. Las caras se esconden, no hay lugares de guitarras, ni de pianos desafinados, ni de entonar nada. La letra en una pantalla. Unas máquinas, una voz en off que llama “Edigator, al micrófono” y uno trata de cantar la maldita primavera y los otros beben, se esconden en los vasos, platican entre ellos. Uno se vuelve a sentar y llaman al ruedo al siguiente toro, masculla “querida” o cualquier otra. aplaudimos. se acaba. Salimos a fumar afuera, el humo se dispersa entre camiones y borrachos que por las calles entonan melodías estúpidas (y geniales)…





Me pongo nostálgica cuando la exhibición de la mediocridad rompe las mesas de cocina y ni siquiera se ambiciona robarle inspiración a la tristeza (por abajo).



 
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