Llegamos cuando ya habían prendido las siete principales frente a la iglesia, dice


Luego pregunté, ¿y ahora?
Y me dijeron, pues, nada, a buscar otra que vayan a prender.
Porque en las calles también había piras de estas ramas, y preguntabas, ¿cuándo las van a prender?
Y entonces los de ahí contestaban, “pus sepa”.
Yo fui de pira en pira preguntando, ¿Por qué lo hacen? ¿qué significa?
Y todos me decían, “no pos nomás. Así siempre ha sido.”
Adentro de las casas había fiestas, grandes celebraciones, afuera lleno de camionetotototas y adentro mesas y bandas locales, los felinos del norte, por ejemplo, amenizaba cerca del palacio municipal. La gente se ponía brazaletes según la fiesta privada a la que habían sido invitados. Nos sentamos en la banqueta, afuera de una casa con brazaletes amarillos.
(después me enteré que la contadora del trabajo invitó a mi madre a Higueras y la conversación fue así:
-Vamos a Higueras.
-Ah, sí, fíjate que va a ir mi hija.
-¿De veras? ¡Vamos! Sirve que la ves, sólo que nosotras estamos invitadas a una fiesta privada, mira, tenemos brazaletes.
-A ver.
Enfermera le muestra una cinta amarilla.
Música tenebrosa.)
Casi a las 12 salieron unos borrachos de una fiesta y encendieron las piras.
Entonces entendí todo (todo). Cuando las prenden, las ramas chillan, como ánimas del purgatorio, como pecados siendo eliminados, como si estuvieras en medio del desierto en una misión y tuvieras que pacificar a los indígenas salvajes que comen carne humana y la única forma fuera infundiéndoles un miedo terrible a tu dios por medio de gritos que vienen del fuego.

Entonces nos fuimos a comer espiropapas y esquites, bailamos al son de la del moño colorado y tan tán.