27.11.06

Snap crackle pop

Constantemente tiendo a hacer cosas que mi cuerpo no desea, entonces mi cuerpo se rompe, yo lloro y me aguanto. Creo que desde que vi un salto de longitud en las olimpiadas y decidí practicar en las escaleras de mi casa (después comprendí que no ése el mejor lugar para aprender), mentira, antes fue cuando estaba persiguiendo a la Lambi, quien fue criada por gatos y si no fuera por los ladridos cualquiera hubiera creído que era precisamente un felino, digo, si cualquiera nunca hubiera visto un gato, ni hubiera leído acerca de ellos y además pudiera creer que estaban conformados por una unión de afros blancos con uñas rojas y moñitos en las orejas (finalmente Mr Dog decidió la moda frenchpudelesca de los ochentas) …
El caso es que perseguía a la Lambi mientras ella saltaba de sillón en sillón y como quien no quiere la cosa se atravesó una mesa de vidrio, todavía recuerdo cómo salió volando mi sueco hecho por artesanos holandeses con madera derrapante (a decir verdad, creo que Holanda no se lleva muy bien con Suecia), cómo cayó con un clonk, aunque me imagino que fue clonk porque en ese momento yo atravesaba la fina mesa de vidrio con mi cabeza y acababa con la colección de ranas de cerámica de mi mamá.
O la n famosa historia de Edith se sube a la barda para ver los baños de hombres y salta hacia unas piedras, tobillo queda alojado entre rocas y cuerpo cae a un lado. Crack.
No les conté, creo, la vez que estaba buceando y como me le quedé viendo a una estalactita (era caverna) y se me fue el grupo, al apurarme no ecualicé los oídos y me reventé uno. Escuchaba la sangre fluir, es como cuando te subes al carro y con las ventanas arriba cierras la puerta. Es como un fshhhh, como el ruido blanco de la tele, pero con ritmo.
Después durante el huracán me rompí mi dedo medio. Me daba miedo irme con el viento, pero quería un café, así que me agarré del marco de la puerta para estirarme y abrirle al gas, en el momento que lo lograba una ráfaga de ésas de 120 km por hora decidió ayudarme y cerrar la puerta. Mi dedo y nudillos no se lo permitieron. Snap. Pero como no había nada más que hacer, practicamos férulas y entablillamientos.
Hmmm, creo que toca una al año.
Todo este preámbulo para contar la del 2006, resulta que mi cuello también salió defectuoso. Dormí chueca, yo creo, no sé. En la mañana me dolía, y me dije, yoga y ya. Y no. Lo que sucedió, o más bien como se lo conté a Rodolfo fue: “ugh, dormí chueca, ajuuuum, que con una estiraditaaaay, ayyy, ayyyyyyyyy, clic, oíste, me tronó, si le hago asíclic, ayyy, me duele, mira, me truena, ayyy clic clic clic”.
Así, hoy, cuellera y músculo desgarrado, reposo y cero estrés.
Y sufro. Bua.

21.11.06

Por los huevos del borrego


Es impresionante cómo hemos empezado a vivir la vida asexuada. Bueno, me explico, porque decir en la primera línea algo que tiene que ver con sexo uno luego luego empieza a pensar en otras cosas, que no son cosas que no deban pensarse, pero uno después tiene que recurrir a eufemísimos eufemismos que…
Todo empezó la mañana cuando llegué a la prepa y me di cuenta que nuevamente habían sacado los borregos para pintar. Hay una práctica que los campi (campi, plural de campus) del ITESM ha hecho desde que unos agrónomos juntaron llaves para hacer un gran borrego de bronce, después, para alentar el espíritu tequista repartieron copias en yeso de dicho ovino y permitieron a los jóvenes decorarlos como pudieran y quisieran.
Pero no contaban con… ¡los huevos del borrego!
¡Y qué huevos!
Porque los agrónomos probablemente tomaron uno de estos bichos y le echaron bronce encima, así son ellos, y la verdad, aquel borrego subido en una piedra, de bronce brillante, parecía que tenía 5 patas. Los humanos que acostumbran ver sus animales ya servidos en el plato, se sorprendieron ante tal exhuberancia de anatomía. Con el tiempo pudimos comprobar que efectivamente, así son estos bichos (ver foto).
Aquella primera generación de borregos de yeso llegó a las jóvenes mentes de los púberes, quienes con pincel en mano empezaron a pintar y llegaron a esa parte, en la que tenían que meterse debajo de la escultura y cubrirla, no con una capa, si no con ¡al menos tres! de creativos colores.
La liga de la moral y la decencia estudiantil no pudo más, así que el siguiente batch de los borregos llegó sin huevos. Con cuernos, porque finalmente es un borrego salvaje, pero perfectamente asexuados, como barbies o kenes.
Una cosa es hacer creer a la gente que un borrego puede ser un animal agresivo y digno de tener como mascota de un equipo de futbol (tigres contra borregos, ¿se imaginan un programa del discovery así? ¡Qué masacre!) y otra muy distinta es quitarles las partes ofensivas para que sus castos padres no se pongan a protestar.

30.10.06

Freaky accidents

Yo no sé a qué dios menor ofendí o qué pasó, pero el caso es que el sábado fui víctima de una serie de ataques y/o accidentes salidos del realismo mágico. Explico:

Voy saliendo de Gigante, con mi bolsa feliz, no podía creer que eran las 2 de la tarde y había encontrado periódico, y unos totopos crujientes y amarillos, posiblemente de tortilla de maíz palomero. En eso nos brinca enfrente una de esas hiperlocas con un bote agujerado y clama que como salgo de la tienda seguramente quiero ayudar al asilodeancianosdrogadictosdeldivinoseñordelastilapias. Los viejitos de enfrente de mí utilizan una técnica evasiva tan efectiva que yo me topo de frente con la hiperloca y una flatchested pelirroja me embiste por detrás con un carrito de super que en su vida pasada fue un hummer.
Pausa. ¿Han visto cómo los carritos de súper tienen una barra estratégicamente colocada justo a la altura del tendón del talón? ZAZ!
Mi tendón de Aquiles, pensé en la exposición de los muertos, en la película de Hostal, en la de Pet Sematary, todo eso mientras me desplomaba y el carrito seguía atropellándome.
En el suelo yo, rodeada de mariposas y la flatchested pelirroja se disculpaba y disculpaba. Yo no puedo creer que el pie no me aguanta, entonces trato de pararme y caigo y caigo y caigo. NADIE me ayuda a pararme pues (espero) todos están tan anonadados como yo. Al final pongo mi peso en la otra pierna y me levanto como espantapájaros y brincando brincando me voy.

Llego al carro, se me sale una lágrima. Una monarca se posa en mi cabeza y veo mi pie, sangre y morado. Rodolfo me observa y me dice, los totopos están aplastados y el periódico arrugado, ¿qué pasó?
Me atropellaron, le digo.
Mariposa se ríe.

Llegamos a casa de mi madre, le enseño pie, periódico, totopos y sufro. Novio de mi madre me ve, se pasma y le empieza a salir sangre de la nariz. Madre me pone árnica. Dice que es maravillosa, que en el Kinder cuando los huerquillos se raspan, o les salen chichones, o muerden a todo el mundo, etc. con una embarradita de árnica ninguna mamá tres-copetes se da cuenta. Pomada maravillosa… ¡árnica! ¡Y muy barata!

Pos total, saco los totopos y empiezo a preparar los chilaquiles. Agarro la cebolla con la mano izquierda y el cuchillo (filoso) y lentamente (porque todo aquí ocurre despacio, como modelo de bikini saliendo del agua) gira, vira y cae, con la punta hacia el suelo y luego no hacia el suelo, hacia mi pie izquierdo, hacia mi dedo gordo, y sangre. Mis ojos y boca dicen “o”. Madre grita y corre por el árnica.

Sufro. Y vuelan las mariposas. Desclavo el cuchillo y el suelo se pone rojo.

Sale Rodolfo y limpia el piso de la sangre y decidimos que el sábado la voy a pasar fuera de todo lo peligroso. El horno lo prende él.

Y ya. No más crisis. Bueno, los totopos eran en verdad pedacitos de buñuelos, los chilaquiles sabían horribles.
Fin.
 
Creative Commons License
This obra by Edigator is licensed under a Creative Commons Atribución-No Derivadas 2.5 México License. Creative Commons License
This work by Edigator is licensed under a Creative Commons Atribución-No Derivadas 3.0 Estados Unidos License.